Hubble revela cambios en una nube donde nacen estrellas y celebra su 36º aniversario con una imagen espectacular

El Telescopio Espacial Hubble ha celebrado su 36º aniversario regresando a una de las regiones de formación estelar más llamativas del cielo: la Nebulosa Trífida, también conocida como Messier 20 o M20. Situada a unos 5000 años luz de la Tierra, en la constelación de Sagitario, esta nube de gas y polvo muestra un escenario donde nacen nuevas estrellas bajo la influencia de intensos vientos y radiación ultravioleta.

La imagen publicada por la ESA y la NASA recupera una zona que Hubble ya había observado en 1997. Ahora, casi tres décadas después, el telescopio ha vuelto a mirar el mismo lugar con una cámara más avanzada, capaz de captar un campo más amplio y con mayor sensibilidad. El resultado permite apreciar cambios reales en la nebulosa en una escala de tiempo humana, algo poco habitual cuando se habla de estructuras cósmicas.

Una región de formación estelar en la Nebulosa Trífida (M20), a unos 5000 años luz de la Tierra, donde la radiación de estrellas masivas moldea nubes de gas y polvo. NASA, ESA, Hubble

Una nube moldeada por estrellas jóvenes

La escena muestra una región brillante y ondulante, con colores que recuerdan a un paisaje submarino lleno de sedimentos suspendidos. Aunque las estrellas masivas responsables de esculpir esta zona quedan fuera del encuadre, su influencia domina toda la imagen. Durante al menos 300.000 años, su radiación ultravioleta y sus vientos estelares han empujado el gas y el polvo, abriendo una enorme burbuja en la nebulosa.

Ese proceso comprime el material de la nube y favorece el nacimiento de nuevas generaciones de estrellas. En algunas zonas, el gas más denso resiste la erosión, mientras que en otras la radiación va despejando poco a poco el entorno.

La nueva imagen de Hubble se centra en una estructura que los astrónomos han comparado con un limón marino cósmico, por su parecido con un pequeño animal marino que parece deslizarse entre el gas y el polvo. En la parte superior de esa figura aparecen regiones densas donde se esconden protoestrellas (estrellas en formación), aún rodeadas por el material del que están naciendo.

Detalle anotado de la Nebulosa Trífida que destaca chorros de plasma y estructuras de gas asociadas a estrellas en formación dentro de la nube. NASA, ESA, Hubble

Chorros de plasma y señales de estrellas en formación

Uno de los rasgos más interesantes de la imagen es Herbig-Haro 399, un chorro de plasma expulsado por una joven protoestrella situada dentro de la nube. Estos chorros se producen cuando una estrella recién nacida lanza material a gran velocidad desde sus polos, interactuando con el gas que la rodea.

Al comparar las observaciones actuales con las realizadas en 1997, los investigadores pueden medir cómo se ha expandido este chorro y calcular la velocidad de sus flujos. Esa información ayuda a comprender cuánta energía inyectan las estrellas jóvenes en su entorno y cómo influyen en la evolución de la nebulosa.

También aparecen indicios de chorros opuestos y líneas brillantes en tonos rojizos y anaranjados, que podrían proceder de otras estrellas todavía ocultas entre el polvo. En otra zona de la imagen se observa un pequeño punto rojo acompañado por un diminuto chorro, posible señal de otra protoestrella cerca del final de su formación.

Alrededor de este objeto aparece un arco verdoso que podría estar relacionado con un disco circunestelar erosionado por la radiación ultravioleta de estrellas masivas cercanas. Estos discos son estructuras de gas y polvo que rodean a estrellas jóvenes y que, en algunos casos, pueden acabar formando planetas.

Vista completa de la Nebulosa Trífida captada desde tierra combinada con un acercamiento del telescopio Hubble que muestra regiones activas de nacimiento estelar. NSF–DOE Vera C. Rubin Observatory, NASA, ESA, STScI

Una nebulosa que acabará desapareciendo

La parte superior izquierda de la imagen aparece con tonos más azulados, señal de una región donde la radiación ultravioleta ha arrancado electrones del gas y ha limpiado parte del polvo cercano. En cambio, el extremo derecho se muestra casi negro, una indicación de que allí el polvo es especialmente denso.

Muchas de las crestas oscuras y pendientes de material que aparecen en la imagen sobrevivirán durante algunos millones de años. Sin embargo, la radiación de las estrellas terminará erosionando gran parte de la nebulosa. Con el tiempo, el gas y el polvo se dispersarán y quedarán principalmente las estrellas que nacieron en su interior.

La observación de la Nebulosa Trífida resume muy bien el valor científico de Hubble. Tras 36 años de operaciones, el telescopio ha realizado más de 1,7 millones de observaciones y sus datos han servido para publicar más de 23 000 estudios científicos revisados por pares.

En los últimos años, además, sus observaciones se han combinado de forma habitual con las del Telescopio Espacial James Webb, ampliando la capacidad de los astrónomos para estudiar desde estrellas recién nacidas hasta galaxias lejanas.

Con esta nueva imagen, Hubble vuelve a demostrar que el universo cambia incluso en escalas de tiempo que los humanos pueden observar. La Nebulosa Trífida, vista una vez más casi tres décadas después, muestra que las estrellas nacen, moldean su entorno y transforman lentamente las nubes que les dieron origen.

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