Nuevo test clave del SLS: la NASA vuelve a ensayar el llenado de hidrógeno antes del despegue

Roll out del SLS

Llenar de combustible un cohete espacial es un proceso mucho más complejo y costoso que repostar un coche, y esa dificultad explica por qué la NASA ha vuelto a repetir la simulación de lanzamiento del SLS. Cada lanzador requiere procedimientos específicos y protocolos de seguridad propios, pero entre todos los combustibles utilizados el hidrógeno es el más problemático, un factor que ha obligado a la agencia a ensayar de nuevo el proceso antes de autorizar el despegue.

El SLS es un cohete que emplea el hidrolox. Uno de los problemas de este combustible es que se evapora a temperatura ambiente, por tanto esos vapores deben ser ventilados del cohete en un proceso llamado "venting". (Joel Kowsky/NASA via AP)

Una repetición paso a paso

Encender el SLS es complicado. Lleva casi 48 horas despertar al cohete, activar los sistemas críticos, preparar la plataforma de lanzamiento, y en ese tiempo no se empieza a llenar de combustible el lanzador. El momento en que se da luz verde a empezar a introducir hidrógeno al lanzador, ni siquiera este fluye hasta el cohete. Primero hay que enfriar las llamadas líneas de combustible, las mangueras por las que luego fluye a razón de más de 400 litros por minuto.

Sin este paso previo, el choque térmico entre la temperatura ambiente y la del hidrógeno líquido, quebrarían estas conexiones. Pero el frío extremo al que están expuestas al contacto con el hidrógeno es suficiente para hacer que tanto las cañerías, como más preocupantemente, las uniones al cohete, se contraigan. Esto crea espacios por los cuales las moléculas tienen una gran facilidad para escaparse. Debido a que son las más ligeras y pequeñas del universo, es muy difícil contener este combustible.

Estas fugas están contempladas, pero hay un umbral del cual no deben pasar, este es el 4%. Por encima de esta cantidad en el aire, se puede inflamar, con varios e importantes problemas. El principal es que las llamas son invisibles, arden en un espectro de luz fuera del que perciben nuestros ojos. No es un gran problema mientras no hay personal en la plataforma, pero, el embarque de los astronautas se produce después del llenado de depósitos, cuando el cohete alcanza una condición estable. Con más de ese cuatro por ciento, el cohete no es seguro y los astronautas no pueden acercarse, un problema cuando la única misión de los SLS es lanzar astronautas.

Imagen que muestra en detalle la conexión problemática con el SLS
Fotografía de la NASA que muestra en detalle el Tail Service Mast Umbilical del LC-39B. Fuente: NASA

¿Qué ha cambiado del primer test a ahora?

Después de un desastroso primer test, la NASA se vio obligada a realizar diversas reparaciones en el problemático umbilical de hidrógeno del mástil de cola. El oficialmente denominado Liquid Hydrogen Tail Service Mast Umbilical (en inglés) es la conexión sólida entre la torre de servicio y el cohete. Una de muchas, también hay otras más llamativas como ocho pernos explosivos “gigantes” en la base de los aceleradores laterales de combustible sólido. Mantienen fijo el cohete incluso cuando enciende sus cuatro motores principales y con el encendido de los cohetes blancos de los laterales se activan, liberándolo y permitiendo que se alce al cielo.

Pero este mástil en particular, acumula graves problemas en todos los intentos de llenado, tanto en Artemisa 1 como en la 2, y en este segundo test se optó por sustituir dos elementos. Estas fueron dos sellos que deberían haber sellado la unión entre las líneas de combustible y el cohete y una válvula defectuosa. Este segundo estaba reteniendo parte del hidrógeno, y al acumularse, estaría aumentando su evaporación en la zona.

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