Una tormenta solar histórica golpea el entorno terrestre y pone a prueba a satélites y astronautas

Imagen en primer plano de la potente llamarada solar

La Tierra acaba de atravesar un episodio de clima espacial poco habitual. El pasado 19 de enero, nuestro planeta fue alcanzado por una tormenta de radiación solar de nivel S4, la más potente registrada desde octubre de 2003, según los datos del centro de predicción meteorológica espacial de la NOAA. Se trata de un fenómeno relevante para satélites, astronautas y operaciones en el espacio, aunque sin consecuencias para la población en superficie.

El episodio coincidió con una intensa tormenta geomagnética G4, responsable de auroras muy visibles en numerosas regiones del mundo. Sin embargo, la tormenta de radiación solar pasó prácticamente desapercibida para la mayoría de la población, a pesar de su carácter histórico por la energía y densidad de partículas implicadas.

Evento severo de tormenta de radiación solar de nivel S4 registrado el 19 de enero de 2026, con aumento abrupto del flujo de protones energéticos. Crédito: NOAA / Space Weather Prediction Center

Qué es una tormenta de radiación solar y por qué esta ha sido excepcional

Las tormentas de radiación solar se producen cuando una erupción magnética en el Sol, a menudo asociada a una eyección de masa coronal, acelera partículas cargadas, principalmente protones, hasta velocidades extremas. Estas partículas pueden recorrer los aproximadamente 150 millones de kilómetros que separan el Sol de la Tierra en cuestión de minutos.

Cuando alcanzan nuestro entorno, los protones más energéticos consiguen penetrar parcialmente las defensas magnéticas del planeta y se canalizan a lo largo de las líneas del campo magnético, especialmente hacia las regiones polares, donde impactan en las capas altas de la atmósfera. La intensidad de estos eventos se clasifica en una escala que va de S1 a S5, y el episodio del 19 de enero alcanzó el nivel S4, considerado severo.

Pese a su fuerza, los especialistas subrayan que no supuso un riesgo para las personas en tierra. La atmósfera y el campo magnético terrestres actúan como un escudo eficaz que absorbe esta radiación antes de que alcance la superficie. Además, el evento no llegó a catalogarse como un fenómeno de nivel suelo, en el que las partículas serían detectables directamente en la Tierra, ya que su espectro energético fue relativamente moderado.

Eyección de masa coronal observada por el coronógrafo LASCO, con el disco solar oculto para revelar la estructura del plasma expulsado. Crédito: ESA / SOHO

Impacto en el espacio y diferencias con las tormentas geomagnéticas

La situación es distinta fuera de la protección atmosférica. Las tormentas de radiación solar severas incrementan la exposición a radiación para los astronautas y también para tripulaciones y pasajeros de vuelos que atraviesan rutas polares, donde el blindaje magnético natural es menor. Los satélites resultan especialmente vulnerables, ya que estas partículas pueden interferir en sus sistemas electrónicos, saturar sensores y provocar interrupciones temporales en la transmisión de datos.

Durante este episodio, algunos observadores del clima espacial detectaron breves pérdidas de información en instrumentos científicos, un efecto compatible con flujos intensos de protones afectando a los detectores. Parte del fenómeno pudo observarse en imágenes del satélite SOHO, donde la llegada masiva de partículas se manifestó como una especie de nevada brillante sobre los sensores.

Conviene distinguir estos eventos de las tormentas geomagnéticas, aunque ambas suelen coincidir en el tiempo. Mientras las tormentas de radiación están dominadas por partículas energéticas que viajan directamente desde el Sol, las geomagnéticas se producen cuando perturbaciones en el viento solar interactúan con el campo magnético terrestre. Estas últimas son las responsables de las auroras y de posibles alteraciones en sistemas de navegación, comunicaciones por radio o redes eléctricas.

Los científicos insisten en que este tipo de episodios encajan dentro de lo esperado durante fases de alta actividad solar. Aunque espectaculares desde el punto de vista científico, forman parte de los procesos naturales que acompañan al ciclo del Sol y permiten mejorar la comprensión y la vigilancia del entorno espacial que rodea a la Tierra

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