La Luna puede darnos la respuesta al origen de la vida en la Tierra

La Luna puede parecer un lugar desértico completamente ausente de vida, sin embargo, un estudio propone la posibilidad de encontrar registro fósil en ella, ofreciéndonos una gran oportunidad para estudiar el origen de la vida en la Tierra.

 

¿De dónde viene la vida?

El origen no está realmente determinado aún, existen diferentes modelos buscando explicar cuando, donde y como pudo haber surgido la primera forma de vida en el planeta. Para tratar de encontrar una respuesta se estudian los restos de estos seres primigenios. Gracias al proceso de fosilización tenemos muestras datadas en alrededor de 3 500 millones de años (como referencia se estima la edad actual de la Tierra en 4 500 millones de años) de antigüedad.

La fosilización ocurre cuando los restos de un ser vivo se ven sometidos a una transformación en su composición, en la gran mayoría de casos el material orgánico duro (huesos, caparazones, dientes, etc.) es reemplazado casi en su totalidad por compuestos de roca y minerales. El cadáver original sirve como molde para darle la forma a la roca/mineral y preservar la forma original.

Las muestras más antiguas preservan colonias de bacterias y algas alrededor de fuentes hidrotermales, estos lugares les ofrecerían calor y un alimento rico en compuestos orgánicos para poder sostener un crecimiento poblacional mientras la Tierra lograba estabilizar su atmósfera. Se cree debe haber un ancestro común de todas las formas de vida que vemos hoy, este lleva el nombre de LUCA (Last Universal Common Ancestor) y su búsqueda se mantiene vigente.

Un microfósil descubierto en una muestra de roca y recuperada en “Apex Chert”, Australia. Cortesía de J. William Schopf.

Impactos de asteroides

El Sistema Solar a lo largo de su historia ha registrado una cantidad innumerable de impactos, evidencia de ellos son los cráteres presentes en la Luna, Marte, Mercurio, etc., este fenómeno es tan común que es considerado el proceso geológico más común de todos.

Distribución de los mayores impactos en la Tierra de los cuales se tiene registro, el color indica la antigüedad (rojo: más joven, gris: más antiguo) y el diámetro muestra el tamaño del impacto del asteroide que lo causó.

La gran mayoría de asteroides en el sistema solar son fragmentos pequeños cuyo tamaño es de menos de 1m de diámetro o largo, y gracias a su gran abundancia también son los objetos más comunes en colisionar con los planetas. Dada nuestra densa atmósfera muchos objetos se destruyen antes de poder tocar suelo, sin embargo, los más grande y energéticos logran mantenerse casi completos hasta crear un enorme cráter. Estos impactos de cuerpos mayores calientan la roca cercana hasta fundirla, al mismo tiempo desplazan el material circundante para dar la mítica forma de cráter que todos conocemos.

¿Cómo pueden los fósiles salir del planeta?

Conociendo la frecuencia de impactos y como se mantienen muestras de seres vivos antiguos en la roca podemos pensar en como podrían llegar a salir de la Tierra. Cuando tenemos un impacto muy energético algunos fragmentos pueden conseguir un impulso hacia el espacio.

Nuestra atmósfera, aunque nos protege, es un limitante de los objetos que lograrían escapar al espacio, por ende, necesitamos de un impacto muy grande (como fue, el asteroide de Chicxulub, posible responsable de extinguir a los dinosaurios hace 65 millones de años) para otorgarle suficiente velocidad a pequeños fragmentos para lograr alcanzar la Luna y llevar microfósiles a la Luna.

Esto suena como un proceso muy complicado y poco efectivo, además de una posible desintegración del fragmento al impactar, sin embargo, sabemos es posible gracias a las misiones tripuladas a la Luna. Durante la misión Apolo 14 se encontró una roca procedente de la Tierra y bautizada como “Big Bertha, estudios químicos lograron datarla en alrededor de 4 mil millones de años, siendo una de las muestras más antiguas de nuestro planeta. Lastimosamente no se encontraron indicios de vida primitiva en ella.

Big Bertha

¿Dónde deberíamos buscarlos?

Un estudio publicado en 2010 por John Armstrong analiza las zonas en la Luna donde podríamos encontrar los valiosos fragmentos, para ello utilizando computadores de la NASA simuló la trayectoria de más de 1.4 millones de rocas disparadas al espacio. De todas ellas solo unas 4678 lograron impactar contra la Luna. También era importante conocer la velocidad (y presión) de impacto para evaluar la probabilidad de supervivencia de microfósiles en las rocas provenientes de la Tierra, estos datos fueron recopilados en la siguiente gráfica.

Mapa de distribución de ubicaciones y velocidades de impacto de fragmentos provenientes de la Tierra en la Luna en ambas caras de la Luna. Tomado de 1

Gracias a estas gráficas podemos saber dónde es más rentable buscar huellas directas del origen de la vida. Las zonas donde hay mayor cantidad de impactos es la cara que apunta en la dirección de movimiento de la Luna, pero donde hay una menor velocidad de impacto es entre la longitud -165° y -180°, esta curiosa distribución es debido a la velocidad de rotación de la luna, la dirección de los meteoritos y la ausencia de una atmósfera en la Luna.

 

En los próximos años la humanidad volverá a visitar a nuestra fiel compañera, los planes del programa Artemisa es explorar el polo sur en busca de reservar de agua congelada por la ausencia de luz solar directa, aunque si observamos las gráficas de distribución de impactos el polo sur parece ser un lugar idóneo para buscar fragmentos terrestres sometidos a muchas velocidades de impacto diferentes, será cuestión de tiempo antes de encontrar fósiles o microfósiles en alguna roca que recogerán los futuros astronautas.

 

Referencias:

  1. Burchell MJ, McDermott KH, Price MC, Yolland LJ. 2014 Survival of fossils under extreme shocks induced by hypervelocity impacts.Phil. Trans. Soc. A 372: 20130190. http://dx.doi.org/10.1098/rsta.2013.0190.
  2. Armstrong JC, Wells LE, Gonzales G. 2002 Rummaging through Earth’s attic for remains of ancient life. Icarus 160, 183–196. (doi:10.1006/icar.2002.6957)
Francisco Andrés Forero Daza
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