El telescopio espacial James Webb revela sorprendentes secretos de las auroras boreales de Júpiter

Las auroras de Júpiter, las más potentes y persistentes del sistema solar, esconden procesos mucho más complejos de lo que se pensaba. Un nuevo estudio basado en observaciones del Telescopio Espacial James Webb (JWST) ha revelado cambios extremos de temperatura y densidad en la atmósfera superior del planeta gigante.

La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Northumbria y publicada en Geophysical Research Letters, ha analizado por primera vez con gran detalle las llamadas huellas aurorales de dos de las lunas de Júpiter, Io y Europa.

El telescopio James Webb capta las huellas aurorales de Io y Europa en Júpiter y revela cambios extremos en su atmósfera superior. NASA, ESA, CSA; Jupiter ERS Team; procesado de imagen por Judy Schmidt; Webb/NIRSpec: Katie L. Knowles (Northumbria University).

Las auroras de Júpiter no funcionan como las de la Tierra

En la Tierra, las auroras polares se producen principalmente cuando partículas del viento solar interactúan con el campo magnético del planeta. En Júpiter el fenómeno es mucho más complejo.

El gigante gaseoso posee un campo magnético extremadamente potente que rota junto con el planeta aproximadamente cada 10 horas. Ese campo magnético arrastra partículas cargadas a su alrededor.

Al mismo tiempo, las lunas de Júpiter orbitan dentro de este entorno magnético y de plasma. Cuando interactúan con él, generan corrientes eléctricas que viajan a lo largo de las líneas del campo magnético hasta la atmósfera del planeta, donde las partículas energéticas chocan con el gas y producen brillantes puntos de luz en la aurora.

Estas regiones luminosas reciben el nombre de huellas aurorales (zonas de aurora producidas por la interacción de las lunas con el campo magnético de Júpiter).

El telescopio Webb detecta estructuras inesperadas

Las nuevas observaciones del telescopio Webb han permitido medir por primera vez las propiedades físicas de estas huellas aurorales mediante espectros infrarrojos.

Hasta ahora los científicos solo habían podido medir el brillo de estas emisiones. Ahora han podido determinar la temperatura de la atmósfera superior y la densidad de los iones presentes, dos parámetros clave para entender cómo funciona este fenómeno.

Durante una sesión de observación de 22 horas realizada en septiembre de 2023, el telescopio siguió el borde de Júpiter mientras sus auroras rotaban hacia el campo de visión.

Fue entonces cuando el equipo detectó algo inesperado en la huella auroral de Io.

Un punto extremadamente frío en medio de la aurora

En una de las observaciones apareció una región sorprendentemente fría dentro de la aurora asociada a Io. Mientras el resto de la aurora mostraba temperaturas cercanas a 766 kelvin, esa zona registraba solo 538 kelvin, lo que equivale aproximadamente a 265 grados Celsius.

Aunque esa temperatura sigue siendo extremadamente alta en términos terrestres, para la atmósfera superior de Júpiter representa un descenso notable.

Además, esa región fría presentaba una densidad de material tres veces mayor que la aurora principal del planeta, y en pequeñas zonas se detectaron variaciones de densidad de hasta 45 veces.

Estos cambios se producían en escalas de tiempo muy cortas, a veces en cuestión de minutos, lo que sugiere que el flujo de electrones energéticos que impacta contra la atmósfera de Júpiter puede cambiar muy rápidamente.

Katie Knowles de la Universidad de Northumbria

El papel clave de la luna Io

Gran parte de este fenómeno está relacionado con Io, la luna más volcánicamente activa del sistema solar.

Sus volcanes expulsan aproximadamente 1000 kilogramos de material por segundo al espacio. Ese material se ioniza y forma una enorme nube de plasma con forma de anillo alrededor de Júpiter, conocida como torus de plasma de Io (anillo de partículas cargadas generado por el material expulsado por Io).

Cuando Io se mueve a través de este plasma, se generan corrientes eléctricas muy intensas que terminan produciendo algunos de los puntos más brillantes de la aurora de Júpiter.

Un fenómeno que podría aparecer en otros mundos

Los científicos creen que este tipo de interacción entre lunas y auroras podría ocurrir también en otros sistemas planetarios. Por ejemplo, la luna Encélado de Saturno también genera una huella auroral en su planeta.

Comprender estos procesos no solo ayuda a estudiar la atmósfera de Júpiter, también puede aportar pistas sobre cómo funcionan otros planetas gigantes y sus sistemas de lunas.

Para investigar si estas variaciones extremas son comunes o raras, los investigadores ya han realizado nuevas observaciones con el Infrared Telescope Facility (IRTF) en Hawái. El análisis de esos datos permitirá seguir la evolución de estas huellas aurorales mientras rotan alrededor de Júpiter junto con el planeta.

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