En llamas: La NASA está preocupada por los incendios en el Ártico
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Las regiones árticas están en llamas, pero no solo son más en número, también son de mayor extensión, alcanzan más temperatura y duran más tiempo. Esto preocupa a los científicos de la NASA que compararon los de los últimos años con los desatados a principios de siglo. A falta de medios para su extinción la agencia espacial espera poder mejorar su conocimiento de ellos con nuevos satélites .
Al contrario de lo que sucede en el resto del planeta, en estas latitudes los incendios forestales no son causados por intervención humana, la mayoría de ellos se desatan por la caída de rayos en masas forestales. Pero igual que no hay personas para provocarlos, tampoco los hay para extinguirlos, por eso, acaban cuando pierden energía. Las llamas necesitan combustible y calor para poder mantenerse vivas, dentro del combustible, el oxígeno nunca les falta, pero si pueden quedarse sin bosque.
Las banquisas de hielo, y el permafrost actúan como cortafuegos conteniendo su propagación, por otro lado, las masas arbóreas limitadas controlan el tamaño final de los incendios. Y al final, la lluvia, o la nieve, es la que se encarga de extinguirlos, pero a un alto coste. Según la NASA, en junio de 2019 los incendios forestales árticos liberaron tanto CO2como Suecia en todo ese año.
El cambio climático afecta especialmente a las regiones polares del planeta, el ártico registra un aumento de temperaturas de 3ºC, mientras que la Antártida 2ºC. Esta problemática solo va en aumento, el retroceso de los casquetes polares, la afección a las corrientes circumpolares de aire frio y los cambios en las precipitaciones, todas consecuencias del cambio climático empeoran y empeorarán estos datos.
En su estudio la NASA recalca que los incendios forestales no deberían ser un problema, pero que su escala está fuera de control y está perjudicando al medio.
Normalmente, un bosque necesita librarse de materia obsoleta para convertirla en fertilizantes naturales y volver a crecer, las plantas, como seres vivos que son, también mueren. Su descendencia puede encontrarse con que arboles más antiguos, le tapen el acceso a la luz y no pueda crecer sus raíces hacia abajo porque ya haya de otros competidores. El problema es cuando estos mueren, no desaparecen de un día para otro, se secan e inician un lento proceso de descomposición a manos de organismos descomponedores. Estos devuelven al medio nutrientes simples que pueden volver a ser usados por vegetales para producir alimentos.
Los incendios son grandes descomponedores, y la ceniza, uno de los mejores abonos, una simbiosis del medio boscoso.
El bosque ártico se enfrenta ahora a un nuevo tipo de incendios, que no ayudan a regenerar el bosque, sino que lo arrasan. El aumento de temperaturas junto con un aumento en el número de rayos aumenta su número y el resto de condiciones aumenta la intensidad de los incendios en extensión, duración y temperatura.
Estos indices provocan que el suelo arda, dificultando la reproducción de las especies presentes, requiriendo la entrada de nuevos especímenes, un proceso más lento. Además, esta sucesión secundaria también se ve afectada por el daño al suelo.
Las zonas árticas son ricas en carbono, muchas veces en forma de turberas, un tipo de carbón, presente en el subsuelo a poca profundidad. Los incendios más potentes pueden quemar ese carbon, alterando la química del agua en la zona, acelerando el deshielo y emitiendo aún más carbono a la atmósfera. Uno que además, lleva atrapado decenas de miles de años tras las glaciaciones del cuaternario.
Los científicos del estudio están preocupados porque las mismas zonas se pueden llegar a quemar hasta cinco veces, dejando un erial al final del proceso. Esto sucede en las zonas de tundra y boreales por igual, en regiones que no pueden ser recuperadas.
El programa FIRMS de la NASA dedicado al estudio vía satélite de los incendios forestales está permitiendo construir una primera imagen del cambio climático en el ártico. Pero la preocupación es notable ante la falta de medios de prevención y extinción en estas remotas áreas, muy duramente afectadas por el calentamiento global. El equipo que desarrolló el estudio trabajará ahora para mejorar las herramientas con las que entender estos incendios, primer paso para buscarles una solución que se antoja lejana en el tiempo.
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