La herencia del transbordador espacial de la NASA que llevará personas a la Luna en Artemisa 2

Cohete SLS

Durante tres décadas, el transbordador espacial fue el principal lanzador de Estados Unidos, quedando en la historia como un símbolo de la exploración espacial. Se suele pensar que su retiro en 2011 era el final de este magnífico cohete, sin embargo, está más presente que antes en un nuevo gran sistema que abre las puertas a la órbita terrestre y que llevará personas a la Luna y más allá.

Imagen del lanzamiento del "padre" del SLS, el transbordador espacial.

Un fracaso económico

El programa del transbordador espacial fue diseñado con la reutilización en mente, que en la teoría conlleva una drástica reducción en los costes de llevar cargas a órbita. Según esta filosofía, en vez de usar una cápsula de un solo uso como la del programa Apolo, Gemini o Mercury, se pensó en un avión espacial capaz de planear hasta una pista de aterrizaje. Este módulo, conocido como orbitador, llevaba consigo el sistema principal de propulsión líquido del cohete, facilitando su recuperación y reutilización. Los propulsores laterales de combustible sólido caían en paracaídas en el océano Atlántico pocos minutos después del despegue para ser recuperados por embarcaciones. La única parte totalmente desechable era el tanque naranja principal, el cual generalmente se destruía durante la reentrada atmosférica sobre el océano Índico.

En el papel esta idea funcionaba muy bien, pero en la práctica nunca se logró reducir suficientemente los costos y alcanzar una alta candencia de lanzamientos. Y especialmente en 2003, la tragedia del Columbia fue una de las razones por cuáles en 2011 el transbordador espacial fue retirado de servicio. Aunque el orbitador nunca volvería al espacio, muchas partes fueron adaptadas para el actual Space Launch System del programa Artemisa para regresar personas a la Luna desde 1972.

Renacimiento del transbordador espacial

Dada la filosofía de recuperación y reutilización de tantos componentes como sea posible de los vuelos del transbordador espacial, hoy en día se conservan múltiples componentes que se adaptaron para el nueve megacohete lunar.

El orbitador contaba con tres motores RS-25 alimentados desde el tanque externo con hidrógeno y oxígeno líquidos. Para el SLS el diseño del tanque fue extendido considerablemente y en su parte inferior se instalaron cuatro motores adaptados. En el caso del cohete de la misión Artemisa 2 tres de ellos ya han volado y regresado del espacio en varias ocasiones. El RS-25 con el serial E2061 voló en las misiones STS-130 y 134; E2059 en STS 123, 124, 127, 131 y 134; y E2047 en STS-91, 96, 101, 98, 104, 112, 115, 118, 123, 126, 126, 128, 131, 132 y 135. El último, E2062, se enfrenta a su primer y último vuelo. Después de llevar a los astronautas a órbita alta terrestre, caerán hacia el planeta hasta destruirse en la reentrada atmosférica.

Los propulsores laterales de combustible sólido del SLS consisten en cinco segmentos, uno más que en su versión del transbordador espacial, y la punta superior con un sistema de separación del cohete. Originalmente, estos eran recuperados tras caer al océano con paracaídas, pero en las misiones lunares son totalmente descartados. En el caso del propulsor izquierdo, sus componentes acumulan 61 vuelos desde STS.8 hasta STS-134 y pruebas de cualificación para el Space Launch System. El derecho acumula 59 misiones, entre STS-5 y STS-134, y dos pruebas de cualificación de vuelo.

Amerizaje de un SRB
Amerizaje del propulsor de combustible sólido derecho de la misión STS-124. Créditos: NASA.

Por último, el módulo europeo de la nave Orión emplea un motor OSM-E, hizo parte del sistema de maniobras orbitales del orbitador en las misiones STS-101, 106, 98, 104, 110 y 112. Su diseño original se deriva del motor principal del módulo de comando de las misiones Apolo que llevaron humanos por primera vez a finales de la década de los sesenta.

El cohete SLS no es únicamente el regreso de la humanidad a la Luna, representa la historia de la exploración espacial y el aprendizaje a partir de los éxitos, fracasos y tragedias de los últimos sesenta años. Además, la arquitectura de misión para un alunizaje contempla el sistema Starship, que persigue un enfoque de reutilización mucho mayor que la del transbordador espacial.

Francisco Andrés Forero Daza
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