¿Y si el Falcon Heavy amenaza el mercado de satélites?
Lanzar satélites es arriesgado, hablamos de inversiones de cientos de millones dólares que se ponen en lo alto de un cohete lleno de combustible altamente inflamable. En consecuencia, es muy habitual el recurrir a seguros.
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Este hecho ya saltó a la opinión pública española hace unos años, cuando el satélite Ingenio resultó destruido en el lanzamiento a bordo de un cohete Vega europeo. Pero es un mundo complejo, que no suele sufrir el escrutinio público debido a su falta de relación con él. En general, la mayoría de compañías tienen uno o varios para cada lanzamiento, que suelen cubrir la mayor parte del coste de fabricación. Esto permite que en caso de fallo, que suele ser bastante normal, puedan reintentarlo.
Pero este juego empresarial se ha encontrado frente a un problema enorme, literal y figuradamente. En el anterior vuelo de un Falcon Heavy, hace apenas tres meses se lanzó el Viasat 3 Americas. Este nuevo equipo prometía ser un salto de gigante en las comunicaciones a través de la órbita geoestacionaria. Construido con la tecnología más puntera de la que se dispone, estaba asegurado por un valor de 420 millones de dólares.
No es el primer satélite con un coste y, por tanto, un valor asegurado elevadísimo, pero en este caso ha habido un incidente grave. Una de las antenas, que basaba su sistema de despliegue en el del James Webb, pero a una escala mayor, no lo ha hecho. Entonces la empresa del satélite ha recurrido no solo al fabricante del sistema de despliegue, si no, a las aseguradoras. Uno de los rumores que está corriendo es que en caso de pagar la prima total, otros lanzamientos podrían ver, al menos, dificultado su acceso a un seguro.
La razón sería que las aseguradoras se quedarían sin dinero con el que pagar a sus asegurados. Esta es una historia en desarrollo, por lo que hay muchos puntos sin aclarar. Para empezar, como todo el mundo sabe, es raro que una aseguradora pague la prima total, más cuando el equipo funciona, solo que lejos, muy lejos de su capacidad inicial prevista. Después, aún es posible que se logre arreglar el problema, eso evitaría males mayores y tampoco sería el primer apaño espacial.
Pero, el riesgo está ahí y en una industria que aún está pagando los retrasos de la pandemia de 2020, no parece un problema menor. Aun así, lo que es más probable que suceda es que el circo siga en marcha, quizá con alguna dificultad más para acceder a seguros. Pero estas dificultades palidecen en comparación a la de conseguir componentes, o a las prisas por cumplir los plazos de lanzamiento.