Antes del GPS y los sismómetros, los “dragones” sabían dónde temblaba la Tierra
07/03/2026 Martín Morala Andrés
La Tierra ha estado en su sitio unos cinco mil millones de años, sin embargo los sismómetros modernos apenas tienen doscientos años. Lo cual puede despertar la pregunta de cómo se pueden estudiar terremotos sucedidos hace millones de años. Y existe una alternativa a irse al campo a analizar fallas. ya que aún incompleto, la humanidad lleva muchos años de registro sobre las sacudidas de la tierra. Tan problemáticos eran los terremotos en el pasado que la dinastía Han en el siglo 2 inventó el primer sismómetro.
Las fallas, el origen de los terremotos
Un terremoto es un movimiento masivo de tierra provocado por procesos internos de la corteza o el manto. Los puntos de ruptura se denominan fallas y son bastante visibles en las condiciones adecuadas. A partir de estas fallas, se pueden extrae importante información sobre las direcciones de los esfuerzos. Estos esfuerzos son los que finalmente provocan los terremotos, que es la roca liberando la tensión acumulada.
Las direcciones de esfuerzos sirven para estimar los riesgos geológicos relativos a los terremotos. A grandes escalas es lo que permite saber hacía donde se mueven los continentes. Aunque las mediciones para esto a día de hoy se realizan mediante satélites y sistemas de posicionamiento global como Galileo. Los sismómetros modernos aportan información precisa también de movimientos a pequeña escala gracias a su exactitud al contrario de lo que sucedía con el primero de origen chino.
El registro histórico humano
Antes de que la geología fuera una ciencia moderna con el método científico ya hubo filósofos e historiadores que hicieron grandes tratados de geología.
Pompeya es un icono de la arqueología y es frecuentemente representada en la cultura popular incluso con grandes producciones de Hollywood. Sin embargo, menos conocido es el gran papel de los historiadores romanos en la documentación de las erupciones del Vesubio, la recolección de testimonios y el análisis posterior a la erupción. Especialmente significativo es Plinio el Joven, hijo adoptivo de Plinio el Viejo dos de los más notables naturalistas e historiadores de la civilización romana.
El padre encontró su muerte, junto con varios miles más en las tareas de rescate que emprendió el gobierno después de la tragedia de la ciudad en el año 79. Sin embargo, gracias a la documentación recopilada tenemos una idea muy clara de cómo fue la erupción y podemos compararla a otros volcanes de la zona. Además que permiten mantener un control mucho más estricto de un volcán situado en una zona con una densidad de población muy alta. La ciudad de Nápoles se encuentra a menos de 10 kilómetros del cono del Vesubio.
Tal es nuestro conocimiento actual del Vesubio que se nombró a un tipo de erupción en honor a los Plinio. Las erupciones plinianas son erupciones relativamente violentas donde la columna eruptiva avanza con temperaturas superiores a los 400ºC y se produce precipitación de rocas de tamaño significativo tamaño a velocidades que pueden superar los 200 kilómetros por hora.
De esta zona tenemos muy buena documentación incluso de terremotos con baja escala sísmica. Uno muy conocido es cuando el emperador Nerón vío interrumpido el estreno de una obra suya en Nápoles debido a un sismo de baja intensidad. Pese a esta relativamente baja potencia, el teatro donde se realizaba se desplomó poco después de su evacuación. Lo cual destaca también que existían planes de contingencia ante estos eventos en lugares de alta sismicidad.
Otro lugar donde nos encontramos abundantes descripciones de terremotos es en las actuales Turquía y Siria. Zonas de gran potencia económica y militar desde hace siglos, el registro de los daños causados por la placa de Anatolia en colisión con la placa Arabiga. Por ejemplo, el terremoto de Damasco del año 847 dejó más de 50 000 muertos solo en la ciudad de Mosul.
Pese a todo, hoy en día aún estamos lejos de poder predecir donde se producirán terremotos. Ni siquiera tenemos una gran exactitud pese a todo el conocimiento adquirido en volcanes, mucho más controlables. Pero la visita a la documentación histórica permite acotar las zonas con más riesgo y conocer cómo han sido los terremotos de los últimos miles de años con muchos datos.
Especialista en el programa espacial indio.
Universidad de Oviedo.
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