Unos fragmentos de mandíbula encontrados en el norte de Egipto podrían cambiar parte de lo que sabemos sobre la evolución de los simios y nuestros antepasados más lejanos. Los restos pertenecen a una especie desconocida hasta ahora, denominada Masripithecus moghraensis, que vivió hace entre 17 y 18 millones de años. Su descubrimiento sugiere que una etapa decisiva de la evolución de los primates pudo desarrollarse mucho más al norte de África de lo que tradicionalmente se había considerado.
El hallazgo, descrito en un estudio publicado el 26 de marzo de 2026 en la revista Science, procede de una investigación internacional encabezada por científicos de la Universidad de Mansura, en Egipto, y la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos. Los resultados apuntan a que el norte de África y Oriente Próximo pudieron desempeñar un papel fundamental en la aparición del linaje del que descienden todos los simios actuales, incluidos los seres humanos.
Una mandíbula encontrada en el desierto egipcio cambia el mapa evolutivo de los simios
Los fósiles fueron recuperados durante las expediciones de 2023 y 2024 en Wadi Moghra, un yacimiento paleontológico situado en el norte de Egipto. Esta región, actualmente desértica, conserva numerosos restos de animales que habitaron el territorio durante el Mioceno temprano, una época comprendida aproximadamente entre hace 23 y 16 millones de años.
Hasta ahora, los yacimientos norteafricanos de este periodo habían proporcionado fósiles de otros primates, pero no existían restos inequívocos de simios pertenecientes al grupo de los hominoideos. La mayor parte de las evidencias conocidas procedía de África oriental, circunstancia que había favorecido la hipótesis de que aquella región desempeñó un papel central en su evolución.
El equipo identificó varios fragmentos de mandíbula inferior y dientes con una combinación de características desconocida en otras especies de edad semejante. Los investigadores bautizaron al animal como Masripithecus moghraensis, un nombre que combina la palabra árabe Masr, utilizada para designar Egipto, con el término griego píthēkos, que significa simio. La segunda parte del nombre hace referencia al lugar del descubrimiento.
Los restos presentan una mandíbula especialmente robusta, grandes caninos y premolares, además de molares con superficies de masticación redondeadas y marcadas. Estas particularidades proporcionan información sobre su alimentación y las condiciones ambientales en las que pudo desarrollarse.
Según la interpretación de los científicos, Masripithecus mantenía una dieta principalmente frugívora, aunque sus dientes también le habrían permitido procesar alimentos más resistentes, como semillas y frutos de cáscara dura. Esta versatilidad podría haber resultado especialmente útil durante una época en la que el norte de África y Arabia experimentaban cambios climáticos que acentuaban las diferencias entre estaciones.
La alimentación representa, sin embargo, una pequeña parte de la importancia del descubrimiento. La verdadera sorpresa apareció cuando los investigadores intentaron determinar dónde encajaba la nueva especie dentro del árbol evolutivo de los hominoideos.
Para ello combinaron información anatómica de primates actuales y extinguidos, datos genéticos de las especies vivientes y las edades geológicas de los fósiles. Mediante métodos estadísticos bayesianos reconstruyeron diferentes relaciones evolutivas y estimaron cuándo pudieron separarse los principales linajes.
Los resultados situaron a Masripithecus más próximo al grupo formado por todos los simios actuales que cualquier otro simio conocido del Mioceno temprano de África oriental. Esta posición lo convierte en una pieza especialmente interesante para comprender la evolución anterior a la separación de los grandes simios y los gibones.
El norte de África y Oriente Próximo pudieron albergar al antepasado común de los simios actuales
La nueva posición evolutiva de Masripithecus obliga a reconsiderar una cuestión que los paleontólogos llevan décadas intentando resolver. Aunque se acepta que los primeros hominoideos aparecieron en África hace más de 25 millones de años, el lugar donde evolucionó el antepasado común de todas las especies actuales continúa siendo objeto de debate.
Este grupo incluye a los gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y seres humanos, además de los linajes extinguidos relacionados con ellos. La nueva especie egipcia pertenece a una rama más antigua y cercana a ese antepasado común, aunque los investigadores no consideran demostrado que fuera uno de nuestros ancestros directos.
Los análisis biogeográficos realizados por el equipo señalan el norte de África y Oriente Próximo como posibles escenarios de aquella transición evolutiva. Durante el Mioceno temprano, la configuración de los continentes era considerablemente diferente de la actual. África y Arabia se desplazaban hacia el norte, acercándose a Eurasia, mientras las variaciones del nivel del mar modificaban las conexiones entre las distintas masas terrestres.
Estas transformaciones pudieron facilitar el desplazamiento de numerosas especies animales entre África y Asia. La región ocupaba una posición estratégica, especialmente cuando las barreras marinas disminuían y aparecían nuevas posibilidades de dispersión.
En este contexto, Masripithecus podría representar una de las primeras evidencias de la diversificación de los simios en una zona situada entre los principales yacimientos africanos y euroasiáticos. Su presencia indica que estos animales ya habitaban el norte de África antes de algunas de las grandes expansiones hacia Europa y Asia.
Erik Seiffert, paleontólogo de la Universidad del Sur de California y coautor de la investigación, ha reconocido que los resultados le han llevado a reconsiderar la importancia tradicionalmente atribuida a África oriental. La combinación de los nuevos fósiles y los análisis evolutivos apunta a un escenario geográfico más amplio para el origen del grupo.
Sin embargo, la interpretación todavía necesita nuevas pruebas. Los restos conocidos se limitan a fragmentos mandibulares y dientes, por lo que apenas permiten reconstruir la apariencia completa del animal, su tamaño, su locomoción o determinados aspectos de su comportamiento.
Algunos especialistas ajenos a la investigación consideran prematuro trasladar el origen de los simios actuales a una región concreta a partir de evidencias todavía fragmentarias. Otros destacan que el descubrimiento encaja con la posición geográfica que ocupaba el noreste de África durante las antiguas migraciones de mamíferos, aunque esa coincidencia tampoco demuestra que el antepasado común surgiera allí.
La distinción resulta fundamental. El estudio aporta una nueva pieza para reconstruir la historia evolutiva de los simios, pero no establece el lugar donde apareció nuestra especie ni identifica el origen directo del linaje humano, que surgió muchos millones de años después.
Los investigadores confían en que futuras excavaciones en Wadi Moghra y otras regiones poco exploradas del norte de África permitan recuperar nuevos ejemplares y esclarecer las relaciones entre los primeros hominoideos.
Durante décadas, buena parte de la investigación sobre los orígenes de los simios se ha concentrado en los grandes yacimientos de África oriental. El descubrimiento egipcio demuestra la importancia de ampliar esa búsqueda a territorios cuyo registro fósil todavía es incompleto. Una pequeña mandíbula conservada durante casi 18 millones de años podría contribuir a reconstruir una etapa de nuestra historia evolutiva que permanecía prácticamente desconocida.
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