Analizan ADN del cabello de Beethoven y descubren un secreto familiar

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Usamos ADN del cabello de Beethoven para arrojar luz sobre su mala salud y descubrimos un secreto familiar

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Kevin Brown, Author provided
Robert Attenborough, Australian National University

Las vidas de muchas personas asombrosamente creativas se vieron trágicamente truncadas por la enfermedad: Johannes Vermeer, Wolfgang Amadeus Mozart, Jane Austen, Franz Schubert y Emily Brontë son algunos ejemplos famosos. La de Ludwig van Beethoven no fue tan corta: tenía 56 años cuando murió en 1827. Sin embargo, fue lo suficientemente corta como para preguntarnos qué más podría haber logrado si hubiera tenido mejor salud.

Durante gran parte de su vida adulta, Beethoven se vio frecuentemente atormentado por el dolor y la mala salud, por no hablar de la pérdida de audición. El compositor alemán pensaba angustiosamente en estas aflicciones, especialmente en su sordera, y esperaba que algún día se comprendieran y se hiciera pública la explicación.

A veces se desesperaba y pensaba en el suicidio; a veces dejaba de componer.

Se han escrito libros enteros sobre la salud de Beethoven, basados en registros de la época. Sin embargo, mis colegas y yo abordamos el tema desde una perspectiva diferente. Nos preguntamos qué pistas podría aportar el genoma de Beethoven, es decir, su ADN.

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Beethoven vivió de 1770 a 1827. Wikimedia

Y hemos encontrado algunas respuestas y algunas sorpresas, como explicamos en una nueva investigación publicada en Current Biology.

¿De dónde procede el ADN?

Extraer y analizar el ADN de los restos de una persona muerta (u otro animal) es todo un reto, mucho más que hacerlo de tejidos vivos. No obstante, los enormes avances técnicos han transformado el campo de los estudios del ADN antiguo.

Por lo general, las mejores fuentes de ADN a partir de restos humanos son los dientes y el hueso petroso del cráneo, pero no disponíamos de ninguno de los huesos o dientes de Beethoven.

Lo que había era pelo. En la época de Beethoven, era habitual coleccionar mechones de personas famosas o seres queridos. Decenas de mechones atribuidos a Beethoven se conservan en colecciones públicas y privadas.

Sin embargo, el pelo sin raíces es una fuente de ADN menos manejable. Este ADN suele existir en secuencias cortas y a veces degradadas. Hay que reconstruirlas minuciosamente con programas informáticos especializados para obtener una secuencia genómica lo más completa posible.

¿Cómo sabemos que las muestras son de Beethoven?

Nuestro proyecto utilizó muestras de ocho mechones de pelo atribuidos a Beethoven y obtenidos de fuentes independientes. De ellas, cinco contenían ADN de la misma persona de sexo masculino, con un grado de deterioro acorde con su origen a principios del siglo XIX.

En colaboración con la empresa de ancestros FamilyTreeDNA, hemos rastreado la ascendencia de esta persona hasta Europa central y occidental. Estamos seguros de que se trata de Beethoven, ya que dos de los mechones existen junto a registros de procedencia ininterrumpida que se remontan a la década de 1820.

Otros tres restos, genéticamente idénticos a los otros dos, también tenían buenos registros de procedencia (aunque no completamente ininterrumpidos).

La combinación de procedencias excelentemente documentadas con una perfecta concordancia genética entre cinco muestras de origen independiente hacía muy difícil dudar de que estas muestras de cabello procedieran de Beethoven.

Quedaban tres mechones de pelo. Dos de ellos eran claramente diferentes genéticamente de los otros cinco: uno es de mujer. No sabemos cómo llegaron a atribuirse a Beethoven.

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Nuestros resultados mostraron que el mechón Hiller, anteriormente atribuido a Beethoven, procedía en realidad de una mujer. Centro Ira F. Brilliant de Estudios Beethoven, Universidad Estatal de San José / William Meredith, Author provided

Una de las atribuciones erróneas es significativa en sí misma, porque fue la base de investigaciones anteriores que concluían que Beethoven había sufrido envenenamiento por plomo. Nuestros resultados demuestran que esta conclusión ya no es válida.

El octavo mechón contenía demasiado poco ADN como para declararlo auténtico o no.

Lo que aprendimos sobre la salud de Beethoven

No esperábamos encontrar una base genética para el problema de salud más conocido de Beethoven, su sordera, y así fue. Beethoven padecía pérdida de audición de inicio en la edad adulta, que sólo en raras ocasiones puede atribuirse a causas principalmente genéticas.

Sin embargo, durante muchos años sufrió otros problemas de salud, sobre todo gastrointestinales (dolor y diarrea) y hepáticos.

Trabajando con el equipo de genética médica de la Universidad de Bonn, no descubrimos que Beethoven fuera especialmente susceptible genéticamente a ninguna afección gastrointestinal en particular, como la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable, la enfermedad celíaca o la intolerancia a la lactosa (como algunos han hipotetizado). Nuestros principales hallazgos se referían a las enfermedades hepáticas.

Ya sabíamos por la documentación que Beethoven sufría ataques de ictericia. La investigación ha demostrado ahora que tenía dos copias de una variante particular del gen PNPLA3, que está relacionada con la cirrosis hepática. También tenía copias únicas de dos variantes de un gen que causa hemocromatosis, una enfermedad que daña el hígado.

Sorprendentemente, los análisis también revelaron que Beethoven se infectó con el virus de la hepatitis B en los últimos meses de su vida (y quizá antes). La infección por hepatitis B pudo haber sido común en Europa en aquella época, pero los detalles al respecto son escasos.

Además, el consumo de alcohol pudo haber agravado el riesgo de enfermedad hepática de Beethoven. Ha habido controversia sobre el alcance y la naturaleza de su consumo de alcohol, al que se hace referencia –pero no se cuantifica– en los registros conservados.

Revisamos detenidamente los registros y llegamos a la conclusión de que el consumo de alcohol de Beethoven probablemente no era excepcional para la época y el lugar, pero aún así podría haber alcanzado niveles que ahora se consideran perjudiciales.

Revelaciones de la familia Beethoven

Nos esperaba una sorpresa más. Como parte de nuestro trabajo, intentamos relacionar el genoma de Beethoven con los de los miembros vivos del linaje Beethoven. Para ello nos centramos en el cromosoma Y, que sólo se hereda en la línea masculina (siguiendo un patrón similar al de los apellidos en la mayoría de las tradiciones europeas).

Cinco hombres apellidados Beethoven aportaron sus muestras de ADN. No estaban estrechamente emparentados entre sí y vivían en la actual Bélgica, de donde procede el apellido. Todos compartían esencialmente el mismo cromosoma Y, lo que podría atribuirse a la descendencia de un antepasado masculino común: Aert van Beethoven (1535-1609).

La sorpresa fue que los mechones de Ludwig van Beethoven tenían un cromosoma Y diferente. Tras considerar otras explicaciones, dedujimos que en algún momento de las siete generaciones entre Aert y Ludwig, el padre de alguien a efectos sociales y legales no era su padre biológico.

Pero no pudimos descifrar, basándonos en las pruebas disponibles, de qué generación podría haber sido.

¿Y ahora qué?

Pondremos a disposición del público el genoma que hemos secuenciado, ya que puede haber más cosas que descubrir a partir de nuevos análisis.

Más allá de Beethoven, nuestro proyecto es un ejemplo de las amplias posibilidades que se abren en el campo del análisis del ADN. Demuestra que pueden obtenerse resultados significativos incluso de fuentes de ADN tan poco prometedoras como los mechones de pelo históricos.

Hasta la fecha, la genética de poblaciones rara vez ha llevado sus análisis al nivel de un solo individuo. Esto es difícil, pero nosotros demostramos que no es imposible.

¿Quién podría ser el próximo? Tal vez otra persona sobre la que haya una pregunta concreta que responder, o incluso alguien que haya querido responder a esa pregunta.The Conversation

Robert Attenborough, Honorary Senior Lecturer in Bioanthropology, Australian National University

This article was originally published in The Conversation. read the original.