Momentos decisivos: los puntos críticos que marcarán el viaje de Artemis II hacia la Luna

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El lanzamiento de una misión espacial es una coreografía bien ensayada con muchos hitos. En una ocasión tan especial como es el regreso de la humanidad al entorno lunar, hay un componente de celebración, pero también de riesgo, al ser una prueba. Practicamente a cada paso del camino habrá una opción de abortar la misión, una lección duramente aprendida en los tiempos del Transbordador Espacial.

Cohete SLS de la misión Artemisa 2
Cohete SLS de la misión Artemisa 2 en la plataforma de lanzamiento. NASA/Keegan Barber.

Los equipos detrás de todo

Más de 48 horas antes del lanzamiento, el SLS despierta cuando los controladores de lanzamiento llegan a sus puestos. Este es solo uno de los equipos encargados de cubrir este primer momento de la misión. En Houston se encuentra el control de vuelo, que supervisa al resto y es el único que se comunica directamente con los astronautas a través del CapCom. Esta figura permite que los astronautas puedan hacer una comunicación efectiva con una sola persona y es el CapCom el que debe lidiar con las decenas de personas que hay en la sala y en el resto del mundo.

A bordo de varios barcos de la marina estadounidense se encuentra el equipo de aterrizaje y recuperación. Este es muy delicado porque debe unir la información recopilada por varios barcos, satélites, aviones y la propia cápsula para encontrar a los astronautas en medio del Pacífico. Se activa dos veces, para el lanzamiento, por si hay un aborto en vuelo, y para el regreso a la Tierra al concluir la misión.

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Imagen de la Firing Room 1 del Centro Espacial Kennedy, desde aquí se controlará el despegue. NASA

Llenar el cohete, con atención al hidrógeno

Solo dos SLS ocuparon hasta ahora la rampa de lanzamiento, cuando su diseño empezó en 2015. En parte porque el hidrógeno es el elemento más pequeño de la tabla periódica, eso crea el problema de contenerlo. Algo que es difícil per se, pero además en los cohetes no se emplea su forma gaseosa, la que se encuentra en la naturaleza. Para poder usarlo en los motores RS-25 este debe estar en estado líquido, por lo que se rebaja su temperatura a prácticamente el cero absoluto. Con esta circunstancia se pueden producir atascos por un contaminante que no se purgó correctamente y se congela, por ejemplo. Pero lo que sucede con mayor frecuencia es que, al enfriarse, el metal se contrae y se abren huecos, muchas veces milimétricos, por los que se escapa fácilmente

Este es uno de los mayores miedos de los responsables de la NASA, ya en Artemisa 1 se despachó al equipo rojo a remediarlo. Pero, con gran riesgo para ellos, cuando el hidrógeno supera el 4% de concentración en el aire, existe el riesgo de que arda o incluso explote. Y es un material altamente inflamable, rodeado de electricidad y metal moviéndose no es el mejor escenario. Especialmente, mirando a un peligroso precedente, el STS-41-D, una de las primeras misiones del transbordador espacial sufrió este escenario. Las llamas, que no son visibles por el ojo humano envolvieron el orbitador y en caso de haber evacuado la nave, los astronautas habrían ido directos hacia ellas. Este escenario es ahora casi imposible por los controles existentes. Por ejemplo, las cámaras infrarrojas, que sí ven un incendio de estas características, pero puede dañar igualmente el cohete o la torre.

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El Delta IV eliminaba de una forma bastante radical el exceso de hidrógeno alrededor del cohete justo antes de un lanzamiento. ULA

Un inamovible reloj

En esta ocasión, la NASA se enfrenta a otro problema que no es estrictamente solucionar el llenado de depositos, un proceso que dura hasta nueve horas. Sino que, los astronautas no pueden acceder a la cápsula Orion hasta que este proceso esté completado y el cohete sea seguro. Además, no se puede sentar a los astronautas y encender los motores directamente. Hay que evacuar al personal de la plataforma, armar el sistema de de aborto del lanzamiento y realizar otras comprobaciones. Y la ventana de lanzamiento es inamovible, si todo sale bien y acorde al plan, quedarían unas dos horas desde el cierre de la cápsula hasta el lanzamiento. En el peor de los casos es posible que viéramos entrar a los astronautas en ella cuando esta empiece. Aunque, con varias fechas disponibles, los primeros días no veremos a la agencia apurar tanto el reloj.

retrato de la tripulación de Artemisa 2
La tripulación de Artemisa 2, formada por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen, posa con sus trajes de vuelo y una maqueta de la nave Orion. NASA

Abortar cuando y donde sea

El Transbordador Espacial sufría un severo problema a la hora de salvar a la tripulación cuando ocurría un accidente. En la Orion esto no es así, para el lanzamiento existen dos modos de aborto principalmente.

El primero es empleando la torre de escape, esta es la punta blanca que remata el cohete. Básicamente es un pequeño cohete en sí mismo, pero diseñado para alejar a la Orion y su tripulación del SLS. Por eso, es muy potente, llegando a imprimir una aceleración de 7G frente a los dos que experimenta la tripulación la mayor parte del lanzamiento. Este funciona desde unos minutos después de que se cierre la cápsula en tierra aún, hasta tres minutos después del despegue. Una vez que los cohetes aceleradores de la primera etapa se agotan y caen al suelo, la propia cápsula con sus motores tiene la fuerza suficiente para alejarse del cohete.

Este es el segundo modo de aborto, mucho menos traumático que si tuviera que activarse la torre de escape. Por otro lado, este segundo modo, dependiendo del momento en que se active puede permitir un aborto a órbita. Este sistema permite que la misión pueda realizar algunas de las pruebas que se requieren aunque no pueda ir hasta la Luna.

Debido al perfil del vuelo y los distintos modos de aborto, hay equipos de rescate posicionados en el Océano Atlántico y en el Pacífico. Este segundo es el lugar preferido para el regreso, aunque si la misión se abortase camino de la Luna podría requerirse volver a desplegarlos en el Atlántico. Pasado el cuarto día de vuelo, aunque existen opciones de abortar, es más rápido completar la misión y aprovechar la gravedad lunar para acelerar el regreso.

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A la derecha una prueba de fuego de la capsula crew dragon, se observa como los motores están dentro de la capsula. Sin embargo a la izquierda vemos una capsula Orion encapsulada dentro de la cofia protectora con la torre de escape encima, es independiente a la nave. NASA/SpaceX

“Estos son solo algunos de los momentos más críticos para Artemis II, pero tampoco hay que olvidar los minutos de la reentrada. Ya no son lo que eran y distan mucho de lo que sufren los equipos en misiones a Marte, ya que la comunicación con el vehículo es ahora casi total gracias a los satélites y a los aviones de gran altitud. Pero, sigue siendo uno de los hitos más peligrosos del vuelo espacial. Habrá momentos de más distensión, como cuando hagan emisiones en directo para la Tierra, o descansos más allá de las horas de sueño establecidas. El gran momento de la misión llegará, si todo transcurre según lo previsto, al quinto día de vuelo, cuando la nave se acerque a menos de diez mil kilómetros de la Luna. Será entonces cuando el viaje alcance su instante más simbólico, el punto en el que años de preparación, ensayos y tecnología se concentren en una única aproximación que dará sentido a todo el trayecto.

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