Un planeta parecido y completamente distinto a la Tierra
Uno de los grandes enigmas de Venus es que, pese a tener un tamaño y composición similares a los de la Tierra, evolucionó de una forma radicalmente distinta.
En la Tierra, la tectónica de placas recicla constantemente material entre la superficie y el interior del planeta. Ese proceso ayuda a regular el carbono atmosférico y contribuye a mantener unas condiciones relativamente estables desde hace miles de millones de años.
Venus, en cambio, parece carecer de una tectónica de placas activa comparable a la terrestre. Los científicos sospechan que la ausencia de grandes océanos pudo impedir que su litosfera se debilitara lo suficiente como para fragmentarse en placas móviles.
Las rocas hidratadas presentes en la Tierra gracias al agua oceánica son mucho más maleables. En un planeta extremadamente seco como Venus, la corteza podría haberse mantenido rígida durante gran parte de su historia geológica.
Aun así, las coronas muestran que el interior venusiano probablemente sigue transportando calor y deformando la superficie mediante mecanismos distintos a los de nuestro planeta.
Las futuras misiones intentarán resolver el misterio
El estudio también destaca que los datos gravitatorios actuales podrían estar pasando por alto señales tectónicas importantes, lo que implicaría que Venus quizá sea geológicamente más activo de lo que se pensaba hasta ahora.
Las futuras misiones VERITAS de la NASA y EnVision de la ESA deberían proporcionar mapas topográficos y gravitatorios mucho más precisos, permitiendo analizar las coronas con un nivel de detalle nunca alcanzado.
Entre todas ellas destaca especialmente Artemis Chasma, la mayor corona conocida de Venus. Esta gigantesca depresión circular alcanza unos 2100 kilómetros de diámetro y, según los investigadores, podría extenderse a una escala comparable a gran parte del oeste de Estados Unidos.
Para los científicos planetarios, Venus sigue siendo uno de los grandes laboratorios naturales del Sistema Solar. Comprender por qué un planeta tan parecido a la Tierra terminó convirtiéndose en un mundo abrasador y hostil podría ayudar también a explicar mejor cómo evolucionan los planetas rocosos y qué condiciones permiten mantener ambientes habitables durante miles de millones de años.