En el estudio de sistemas estelares lejanos hay un desafío de observación abierto, la confirmación de una exoluna, es decir, un cuerpo celeste que orbite alrededor de un exoplaneta. Un nuevo estudio con datos del ESO reporta un sistema estelar exótico con un objeto en una configuración orbital que resulta difícil de clasificar.
Vista de campo amplio centrada en la estrella CD-35 2722. ESO/Digitized Sky Survey 2.
Exoplanetas, exolunas y exosatélites
Durante siglos, la humanidad solo conocía la Luna, el Sol y cinco planetas, además de la Tierra. Con el tiempo y la invención del telescopio, fue posible descubrir lunas en otros planetas, además de Urano y Neptuno, extendiendo lo que se conocía del sistema solar. En 1992 se logró observar la primera evidencia sólida de un exoplaneta, un cuerpo celeste que orbita una estrella diferente al Sol, y hasta la fecha se han confirmado más de 6000.
Existen múltiples métodos de detección de exoplanetas, cada uno con sus ventajas y desventajas. El tránsito se basa en la disminución de la intensidad de la luz recibida en la Tierra por el bloqueo de un cuerpo celeste que puede ser un planeta, un asteroide o una luna. Sin embargo, los tránsitos de objetos relativamente pequeños son difíciles de confirmar porque la señal no se distingue del ruido. De los más de 6000 exoplanetas, solo existe un puñado de candidatos a exolunas que requieren de más observaciones para verificar. Por otro lado, la técnica de velocidad radial considera pequeñas perturbaciones gravitacionales en la estrella por la presencia de cuerpos masivos alrededor de ella.
El término exosatélite es una expresión más general para un satélite en otro sistema solar, es decir, un objeto que orbita a otro. Si bien el ejemplo más común es una exoluna, se extiende a asteroides alrededor de otros asteroides o cuerpos celestes en órbita de otros objetos más exóticos.
Límites difusos
Con base en datos del Very Large Telescope en Chile, el estudiante Kevin Hoy reportó un descubrimiento especial y extraño al estudiar el sistema de la estrella CD-35 2722. En órbita de esta se encuentra una enana marrón, con 37 veces la masa de Júpiter, un tipo de objeto cuya masa es muy alta para ser clasificado como planeta e insuficiente para ser una estrella. Son incapaces de iniciar y sostener la fusión de hidrógeno, pero bajo ciertas condiciones pueden fusionar deuterio o litio.
Fotografía directa de la estrella CD-25 2772 a la izquierda y la enana marrón CD-25 2722 B en el centro. Wahhaj et al.
Por medio de la técnica de velocidad radial, estudiaron la enana marrón entre octubre de 2023 y febrero de 2026. Con el análisis, se detectó una perturbación sin explicación con un periodo de aproximadamente 170 días. Después de descartar ruido por fenómenos terrestres, se consideró la posibilidad de la existencia de uno o dos satélites. Sin embargo, simulaciones computacionales determinaron que el segundo escenario es altamente inestable.
La mejor explicación hasta la fecha, a la espera de nuevas observaciones, es la existencia de un cuerpo celeste con un 70-90 % de la masa de Júpiter orbitando a CD-35 2722 B. Este escenario se prefiere respecto a la existencia de dos satélites por la estabilidad del sistema en el tiempo.
Esta configuración orbital resulta en un problema a la hora de clasificar este hipotético objeto, dado que una masa estimada de entre dos y tres veces la de Saturno entraría en conflicto con la idea normal de una luna, así como con la clasificación de un objeto alrededor de una enana marrón. El término que mejor se adapta en este escenario es exosatélite. Cabe destacar que, aunque existe un peso estadístico para justificar la existencia de este, son necesarias más observaciones para confirmarlo o desmentirlo.