Marte podría seguir volcánicamente activo tras la detección de un misterioso gas sobre las fracturas de Alba Mons

El interior de Marte podría conservar suficiente calor para mantener procesos volcánicos en la actualidad. La sonda europea ExoMars Orbiter (TGO) ha detectado concentraciones inesperadas de cloruro de hidrógeno sobre una región atravesada por numerosas fracturas tectónicas, en las laderas del gigantesco volcán Alba Mons. El hallazgo plantea que parte del gas podría proceder de una fuente magmática oculta bajo la superficie del planeta rojo.

La investigación, publicada este 4 de noviembre en la revista Science Advances, ofrece nuevas pistas sobre la actividad geológica de Marte, cuya superficie conserva las huellas de un intenso pasado volcánico. Aunque todavía no se ha observado ninguna erupción reciente, la coincidencia entre las emisiones del gas y determinadas estructuras geológicas sugiere que el interior marciano podría encontrarse en una etapa de reposo volcánico, con posibles implicaciones para la búsqueda de vida.

Localización de las laderas septentrionales de Alba Mons, donde se han detectado concentraciones anómalas de cloruro de hidrógeno. El recuadro muestra las fracturas tectónicas y una posible zona de emisión de gas. ESA/DLR/FU Berlin, G. Michael; modelo topográfico MOLA-HRSC, Fergason et al. (2018).

Un gas inesperado sobre las fracturas de un gigantesco volcán

La región de Tharsis, situada en el hemisferio norte de Marte, alberga algunas de las estructuras volcánicas más grandes del sistema solar. Entre ellas se encuentra Alba Mons, un inmenso volcán en escudo caracterizado por sus pendientes suaves y su extraordinaria extensión superficial, superior incluso a la del Olympus Mons, aunque este último alcanza una altura considerablemente mayor. Su paisaje conserva innumerables fracturas y formaciones originadas durante antiguos episodios de actividad geológica.

El cloruro de hidrógeno (HCl) fue identificado por primera vez en la atmósfera marciana en 2021, también mediante observaciones de ExoMars. Desde entonces, los investigadores han comprobado que su presencia varía con las estaciones, principalmente en relación con los ciclos del polvo y del agua. Habitualmente, sus concentraciones aumentan durante el invierno del hemisferio norte y disminuyen con la llegada del verano.

Sin embargo, el equipo científico dirigido por Alexander Trokhimovskiy encontró una anomalía que rompía ese comportamiento. Durante el comienzo del verano marciano aparecían concentraciones inesperadas de cloruro de hidrógeno sobre las laderas septentrionales de Alba Mons, precisamente en una época en la que el gas debería ser mucho menos abundante.

Los datos proceden del instrumento Atmospheric Chemistry Suite (ACS), un conjunto de espectrómetros infrarrojos instalado a bordo del orbitador europeo. Su elevada sensibilidad permite identificar cantidades extraordinariamente pequeñas de determinados compuestos en la atmósfera. En este caso, las mediciones revelaron la presencia del gas a bajas altitudes y en concentraciones de apenas unas partes por mil millones.

Recreación artística de la sonda ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO), de la Agencia Espacial Europea, cuyos instrumentos han permitido detectar concentraciones anómalas de cloruro de hidrógeno en la atmósfera de Marte. ESA/ATG medialab

Para comprender el posible origen de las emisiones, los investigadores compararon los datos atmosféricos con observaciones de la superficie obtenidas mediante la cámara CaSSIS, también instalada en ExoMars. El análisis permitió identificar numerosas fracturas estrechas, algunas de varios cientos de metros de longitud, acompañadas de alteraciones en la coloración del terreno.

La proximidad entre estas estructuras y las concentraciones del gas llevó al equipo a plantear que las grietas podrían actuar como conductos naturales por los que escaparían sustancias procedentes del interior marciano. En la Tierra, el cloruro de hidrógeno es un componente habitual de determinadas emisiones volcánicas, especialmente cuando el magma asciende y libera los gases disueltos a medida que disminuye la presión.

Un mecanismo semejante podría estar produciéndose bajo Alba Mons, sin necesidad de que el magma alcance la superficie ni se desencadene una erupción. Los científicos consideran que las emisiones podrían estar conectadas con una cámara magmática latente, aunque todavía no se dispone de observaciones directas que permitan confirmar su existencia.

Marte podría conservar suficiente calor para albergar sistemas hidrotermales

El comportamiento estacional del gas ofrece otra pista. Los investigadores sospechan que, durante el invierno marciano, cuando las temperaturas pueden descender hasta los 120 grados bajo cero, el hielo podría bloquear las fracturas y retener temporalmente las emisiones subterráneas. Con la llegada del verano, el aumento de las temperaturas favorecería su sublimación, permitiendo que el gas acumulado escapase hacia la atmósfera.

Las alteraciones de coloración observadas alrededor de algunas grietas también podrían corresponder a depósitos dejados por esas emisiones, de manera similar a lo que sucede en determinadas fumarolas terrestres. Sin embargo, esta explicación todavía debe contrastarse con otros procesos capaces de modificar la composición y apariencia del terreno.

Daniel Mège, investigador del Centro de Investigación Espacial de la Academia Polaca de Ciencias y uno de los responsables del estudio, considera que los resultados sugieren que Marte podría haber conservado suficiente calor interno para sostener actividad volcánica hasta épocas recientes, e incluso en la actualidad. El científico destaca especialmente la dificultad de localizar concentraciones tan pequeñas de gas desde una nave que recorre continuamente la órbita marciana.

La interpretación volcánica, en cualquier caso, exige cautela. El cloruro de hidrógeno también puede producirse mediante procesos químicos relacionados con el polvo y los componentes de la atmósfera. Por ello, su detección constituye un indicio compatible con actividad magmática, pero todavía no una prueba definitiva.

Las observaciones se suman a otros descubrimientos que han cuestionado la aparente inactividad geológica del planeta. Diversas imágenes orbitales muestran formaciones volcánicas originadas hace unos pocos millones de años, mientras que el módulo InSight de la NASA registró numerosos terremotos marcianos durante su misión. Aunque estos fenómenos revelan que Marte conserva actividad interna, hasta ahora no se han observado erupciones contemporáneas ni nuevas coladas de lava.

La posibilidad de que existan reservas de magma bajo la corteza plantea además importantes preguntas sobre las condiciones de habitabilidad del subsuelo. Si el calor procedente del interior entrase en contacto con depósitos de agua o hielo, podrían formarse sistemas hidrotermales capaces de proporcionar energía y condiciones favorables para determinados microorganismos.

En la Tierra, algunos de estos ambientes albergan comunidades microbianas que sobreviven mediante reacciones químicas, sin depender directamente de la luz solar. Un entorno semejante bajo la superficie marciana ofrecería también protección frente a la intensa radiación y las condiciones extremas que caracterizan al planeta.

Los investigadores consideran que las fracturas de Alba Mons podrían convertirse en objetivos especialmente interesantes para futuras exploraciones. Confirmar la existencia de sistemas hidrotermales activos permitiría conocer mejor la evolución térmica de Marte y evaluar si todavía conserva ambientes potencialmente habitables.

Por ahora, ninguna observación demuestra que exista vida bajo esas fracturas, ni que el gas detectado proceda necesariamente de una cámara magmática. Sin embargo, el descubrimiento abre una nueva vía para investigar el interior de un planeta que, después de miles de millones de años de enfriamiento, podría conservar parte de la actividad volcánica que transformó su superficie en el pasado.

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