La NASA busca una solución para salvar al Hubble antes de su posible caída a la Tierra en 2033 o 2034
02/11/2026 Redaccion
La agencia espacial estadounidense ha abierto una consulta a empresas privadas para estudiar nuevas misiones de mantenimiento del veterano telescopio. Entre las posibilidades figuran elevar su órbita, mejorar sus sistemas o preparar una reentrada controlada. Cualquier intervención tendría que realizarse hacia 2032.
El telescopio espacial Hubble lleva más de 36 años observando el universo, pero su permanencia en órbita tiene un límite. La NASA ha iniciado una consulta al sector privado para conocer qué empresas podrían desarrollar una misión capaz de prolongar su vida científica antes de que el rozamiento con la atmósfera terrestre provoque su caída. Los cálculos de la agencia sitúan una posible reentrada hacia 2033 o 2034, aunque esa previsión depende de las condiciones orbitales y de la actividad solar.
El anuncio, publicado el 30 de octubre, responde a una solicitud de información emitida el día anterior por el Centro de Vuelo Espacial Goddard. La agencia examinará tres posibilidades, desde elevar la órbita del observatorio hasta mejorar sus capacidades o garantizar una retirada segura cuando llegue el final de su actividad. Por ahora se trata de una consulta sobre las capacidades disponibles en el sector comercial. La NASA todavía no ha aprobado ninguna misión de rescate.
«El Hubble todavía tiene una importante labor científica por delante», afirmó Jared Isaacman, administrador de la NASA, según el comunicado oficial del 30 de octubre (traducción propia). La agencia considera conveniente estudiar soluciones que permitan aprovechar durante más tiempo un observatorio que continúa proporcionando resultados científicos.
El Hubble pierde altura y la NASA tiene un plazo limitado
A pesar de encontrarse a varios cientos de kilómetros de la superficie terrestre, el Hubble sigue expuesto a las capas extremadamente tenues de la atmósfera. Las partículas de gas que encuentra durante su recorrido producen una pequeña resistencia que reduce progresivamente su energía orbital y, con el tiempo, su altitud.
El telescopio carece de un sistema de propulsión para recuperar por sí mismo la altura perdida. Si continúa descendiendo, acabará entrando en regiones atmosféricas más densas, donde el rozamiento aumentará hasta provocar su reentrada.
Un análisis realizado por la NASA en julio de 2026 estima una probabilidad del 10 % de reentrada para septiembre de 2032 y del 50 % para diciembre de 2033. Son previsiones estadísticas, sujetas a factores como la actividad solar, que puede modificar la densidad de las capas superiores de la atmósfera y acelerar o ralentizar el descenso del observatorio.
Por esa razón, la agencia considera que cualquier misión destinada a elevar o reparar el Hubble debería ejecutarse a más tardar en 2032. El plazo es importante porque desarrollar una nave capaz de aproximarse, capturar y maniobrar un telescopio de estas características exige una preparación técnica considerable.
Tres posibilidades para prolongar su vida o asegurar su retirada
La primera opción consiste en enviar una nave comercial que alcance al Hubble y lo eleve hasta una órbita de al menos 600 kilómetros de altitud. Desde esa posición, el observatorio encontraría una resistencia atmosférica menor, lo que permitiría retrasar su descenso y prolongar potencialmente sus operaciones científicas.
La segunda posibilidad contempla una misión de mantenimiento más ambiciosa, con trabajos destinados a mejorar sus prestaciones o reforzar los sistemas afectados por el envejecimiento. La NASA deberá evaluar qué operaciones resultan técnicamente viables y qué riesgos supondría intervenir sobre un telescopio que lleva décadas en el espacio.
La tercera alternativa aborda un desenlace distinto. Si prolongar su funcionamiento resulta inviable, una nave podría dirigir al Hubble hacia una reentrada controlada, evitando que su descenso final se produzca sin control sobre la trayectoria.
El telescopio cuenta con antecedentes que justifican estudiar nuevas intervenciones. Entre 1993 y 2009 recibió cinco misiones de mantenimiento mediante transbordadores espaciales, durante las cuales los astronautas sustituyeron instrumentos, repararon sistemas y actualizaron sus capacidades.
La última, realizada en mayo de 2009 por la tripulación del Atlantis, permitió instalar nuevos equipos científicos y efectuar reparaciones esenciales. Los astronautas incorporaron además un mecanismo diseñado para facilitar la captura del observatorio por una futura nave espacial.
La NASA ya había estudiado en 2022, junto con SpaceX y el programa Polaris, la posibilidad de utilizar una cápsula Dragon para elevar su órbita. Aquella iniciativa fue un estudio de viabilidad y tampoco supuso la aprobación de una misión.
Un observatorio que todavía tiene mucho que investigar
Lanzado en abril de 1990, el Hubble ha transformado el conocimiento de las galaxias, la formación estelar, los agujeros negros y la expansión del universo. Sus observaciones también han contribuido a estudiar atmósferas planetarias y objetos del sistema solar.
Aunque comparte el espacio con telescopios más modernos, como el James Webb, conserva capacidades especialmente valiosas en determinadas longitudes de onda del ultravioleta y la luz visible. Ambos observatorios se complementan y permiten investigar fenómenos astronómicos mediante instrumentos diferentes.
La demanda de tiempo de observación del Hubble sigue siendo elevada. Según la solicitud publicada por la NASA, las propuestas científicas superan ampliamente el tiempo disponible y los datos del observatorio contribuyen a más de 1000 publicaciones científicas al año.
La agencia también considera importante conservar estas capacidades mientras desarrolla el futuro Observatorio de Mundos Habitables (Habitable Worlds Observatory), concebido para investigar planetas alrededor de otras estrellas y buscar posibles indicios de habitabilidad.
La consulta permanecerá abierta hasta el 30 de noviembre de 2026, fecha límite para que las empresas interesadas comuniquen sus capacidades técnicas. Después, la NASA deberá valorar las respuestas y decidir si alguna justifica avanzar hacia una misión concreta.
El Hubble ha sobrevivido a fallos instrumentales, reparaciones complejas y más de tres décadas de exposición al entorno espacial. Ahora afronta un problema que sus cámaras y espectrógrafos no pueden resolver. Su futuro dependerá de que otra nave consiga alcanzarlo antes de que el rozamiento atmosférico ponga fin a sus observaciones.
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