Un naufragio, tres grupos incomunicados y una isla de la Antártida que la NASA ha vuelto a fotografiar 123 años después

El 12 de octubre de 1903, tres exploradores que llevaban meses aislados entre los hielos de la Antártida consiguieron reencontrarse con sus compañeros en las proximidades de la isla Vega. Habían sobrevivido a un invierno especialmente duro, refugiados en una pequeña construcción de piedra y sin noticias del barco que debía recogerlos. Aquel encuentro puso fin a una parte de su odisea, pero todavía quedaban otros hombres perdidos en el mar de Weddell. Más de 120 años después, una imagen de la NASA ha vuelto a dirigir la atención hacia ese remoto escenario de la historia de la exploración polar.

La fotografía, obtenida el 10 de octubre de 2026 por el satélite Landsat 9 y difundida por la NASA el pasado 30 de octubre, muestra una peculiar combinación de hielo, montañas y formaciones rocosas que recuerda al perfil de una calavera. La isla Vega se encuentra al este de la península Antártica y conserva en su geografía la memoria de una expedición científica que terminó convertida en una lucha por la supervivencia. El cabo Well-met, situado en la isla, recibió su nombre precisamente por el inesperado reencuentro de aquellos exploradores en 1903.

Un barco atrapado en el hielo y tres grupos aislados en la Antártida

La historia comenzó el 16 de octubre de 1901, cuando el explorador sueco Otto Nordenskjöld partió de Gotemburgo al frente de una expedición destinada a estudiar la geografía, el clima y la geología de la península Antártica. Viajaba a bordo del Antarctic, un barco comandado por el experimentado navegante noruego Carl Anton Larsen, con el propósito de establecer una estación científica y desarrollar diferentes campañas de exploración.

En febrero de 1902, Nordenskjöld y cinco compañeros desembarcaron en la isla Snow Hill, también conocida como Cerro Nevado, donde instalaron una pequeña estación de madera. Entre los investigadores se encontraba el argentino José María Sobral, que participó en las observaciones científicas realizadas durante el invierno austral. Mientras aquel grupo permanecía en tierra, el Antarctic continuó navegando por las aguas del Atlántico sur.

La base se convirtió en un pequeño laboratorio instalado en uno de los territorios más aislados del planeta. Los expedicionarios registraron las condiciones meteorológicas, realizaron observaciones geológicas y recogieron muestras fósiles que posteriormente contribuirían a reconstruir el pasado de la región. Sin embargo, cuando el barco intentó regresar para recogerlos, la acumulación de hielo marino le impidió alcanzar la estación.

Estación de invierno de la expedición antártica sueca de Otto Nordenskjöld en la isla Snow Hill, fotografiada el 4 de diciembre de 1903 por los integrantes de una misión de rescate que llegó después de que los exploradores hubieran abandonado el lugar. Fotógrafo desconocido / Sjöhistoriska museet.

Ante la imposibilidad de avanzar, tres hombres desembarcaron con la intención de alcanzar por tierra el campamento principal. Eran el geólogo Johan Gunnar Andersson, el cartógrafo Samuel August Duse y el marinero Toralf Grunden. Su misión parecía una solución provisional a las dificultades del barco, pero pronto comprobaron que las barreras de hielo, los canales y las condiciones meteorológicas impedían completar el recorrido.

Los tres exploradores tuvieron que regresar a bahía Esperanza, donde levantaron un refugio utilizando las piedras disponibles. La construcción contaba con muros de aproximadamente un metro de espesor y apenas metro y medio de altura. Para improvisar el techo utilizaron un trineo como soporte y una lona que ofrecía cierta protección frente al viento y la nieve.

Aquel refugio se convirtió en su hogar durante buena parte de 1903. Las provisiones eran limitadas y los hombres desconocían qué había ocurrido con el resto de la expedición. Tampoco podían saber que, mientras ellos buscaban la manera de sobrevivir, el Antarctic había sufrido un accidente que cambiaría por completo el destino de sus compañeros.

El 14 de febrero de 1903, el barco terminó hundiéndose después de quedar aprisionado por el hielo. Larsen y los miembros de la tripulación consiguieron abandonar la nave y dirigirse hacia la isla Paulet, donde construyeron otro refugio para pasar el invierno. La expedición quedó entonces dividida en tres grupos, separados por grandes distancias y sin comunicación entre ellos.

En Snow Hill, Nordenskjöld continuaba esperando un rescate que no llegaba. En bahía Esperanza, Andersson, Duse y Grunden resistían en su pequeña construcción de piedra. Mientras tanto, los supervivientes del naufragio permanecían aislados en Paulet, sin conocer el destino de los científicos que habían quedado atrás.

Los restos de aquel improvisado refugio todavía se conservan. En enero de 2020, un equipo de investigadores suecos y argentinos los documentó mediante fotografías, escaneados y técnicas de reconstrucción digital. El proyecto Built Cultural Heritage in Antarctica, desarrollado con participación de la Universidad de Gotemburgo, permite conocer cómo fueron levantadas algunas de estas construcciones y las condiciones en las que sobrevivieron sus ocupantes.

 

Restos del refugio de piedra construido por Andersson, Duse y Grunden en bahía Esperanza durante 1903. La estructura fue documentada el 31 de enero de 2020 como parte de un proyecto internacional dedicado a conservar el patrimonio histórico antártico. Gunnar Almevik / Universidad de Gotemburgo.

La llegada de la primavera austral permitió a los tres hombres intentar nuevamente el recorrido hacia Snow Hill. Después de meses de aislamiento, consiguieron atravesar parte del territorio que anteriormente les había resultado inaccesible. El 12 de octubre de 1903 se produjo el esperado reencuentro en el cabo Well-met, en la isla Vega, cuando lograron contactar con integrantes del grupo de Nordenskjöld.

Aquel lugar, cuyo nombre puede traducirse como «feliz encuentro», quedó vinculado para siempre a la expedición. Su importancia histórica aparece recogida en los archivos de la Universidad de Gotemburgo, que conservan documentación y fotografías de una de las campañas polares suecas más destacadas de comienzos del siglo XX.

Toralf Grunden, Johan Gunnar Andersson y Samuel August Duse fotografiados frente a la estación de invierno de Snow Hill en noviembre de 1903, después de haber sobrevivido aislados en bahía Esperanza. Gösta Bodman / Universidad de Gotemburgo.

Del rescate argentino de 1903 a la imagen que la NASA ha captado 123 años después

El reencuentro de los tres exploradores no significaba que la expedición estuviera a salvo. El resto de los supervivientes del Antarctic continuaba separado del grupo principal, mientras las autoridades argentinas y suecas preparaban operaciones de búsqueda ante la prolongada ausencia de noticias.

La situación comenzó a resolverse el 8 de noviembre de 1903, cuando la corbeta argentina Uruguay, comandada por Julio Irízar, alcanzó la isla Snow Hill. Aquella misma jornada también llegó al campamento un grupo procedente de Paulet, encabezado por Larsen, después de una larga travesía en una embarcación abierta.

Los hombres que habían permanecido separados durante meses consiguieron finalmente reunirse. Al día siguiente abandonaron la estación y comenzaron el regreso. La operación permitió recuperar a los supervivientes y buena parte del material científico reunido durante la campaña. La llegada de la Uruguay a Buenos Aires, a comienzos de diciembre de 1903, puso fin a una expedición que había durado mucho más de lo previsto.

Lejos de quedar reducida a una historia de supervivencia, aquella aventura dejó un importante legado científico. Los investigadores habían reunido información meteorológica, geológica, cartográfica y paleontológica que contribuyó al conocimiento de la península Antártica. Parte de sus resultados continuó publicándose hasta bien entrada la década de 1920.

La Universidad de Gotemburgo conserva hoy abundante documentación de Nordenskjöld, incluidos manuscritos, fotografías y el diario de navegación de la expedición. El patrimonio material también continúa siendo objeto de estudio. La estación de Snow Hill, por ejemplo, permanece en pie, aunque el deshielo del permafrost y la erosión del terreno amenazan su conservación.

Esta relación entre la historia y las transformaciones del paisaje vuelve a adquirir protagonismo gracias a la imagen obtenida por Landsat 9. La fotografía muestra la isla Vega desde una perspectiva imposible para quienes la recorrieron en 1903. Sus glaciares y afloramientos rocosos forman una figura que recuerda a una calavera de perfil, orientada hacia la vecina isla del Diablo.

Según explica la NASA, una elevación rocosa que sobresale del hielo, conocida como nunatak, dibuja lo que podría interpretarse como una cuenca ocular. Una morrena lateral, formada por materiales arrastrados y depositados por un glaciar, recuerda a la boca, mientras que el glaciar Bahía del Diablo constituye la parte inferior de la supuesta mandíbula.

El parecido depende de la perspectiva del observador. Sin embargo, las mismas formaciones que producen esa peculiar apariencia también permiten examinar los cambios que experimenta la cubierta de nieve y hielo de la isla.

La agencia espacial estadounidense ha comparado la imagen del 10 de octubre de 2026 con otra obtenida el 22 de marzo de 2025. En la primera aparecen amplias zonas de hielo oscuro y superficies rocosas descubiertas, mientras que la segunda muestra una cubierta de nieve mucho más extensa.

La isla Vega fotografiada por Landsat 9 el 22 de marzo de 2025, con una extensa cubierta de nieve sobre sus glaciares. La imagen permite comparar el paisaje con el observado en octubre de 2026. NASA Earth Observatory / Lauren Dauphin, datos Landsat del USGS.

El glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College, relaciona la exposición de grandes superficies de hielo con las temperaturas superiores a la media registradas durante el invierno austral de 2026, especialmente en junio. La escasa acumulación de nieve, junto con la sublimación y la acción del viento, contribuyó a dejar descubiertas numerosas zonas al comenzar la primavera.

La diferencia tiene consecuencias para el comportamiento de los glaciares. La nieve reciente refleja gran parte de la radiación solar, mientras que el hielo oscuro absorbe más energía y puede calentarse con mayor rapidez. Si estas superficies permanecen expuestas durante el verano, podrían favorecerse nuevos episodios de fusión.

Conviene señalar que las fotografías corresponden a años y estaciones diferentes, por lo que su comparación no permite calcular directamente cuánto hielo ha perdido Vega entre ambas fechas. Para estudiar esa evolución es necesario recurrir a observaciones continuadas y mediciones realizadas durante periodos más prolongados.

El seguimiento científico de la región comenzó mucho antes de que se difundiera esta imagen. Un inventario de sus glaciares, publicado en 1982 a partir de fotografías aéreas, mapas y datos Landsat, identificó cuatro casquetes de hielo y 29 glaciares en la isla. Desde finales de la década de 1990, las investigaciones sobre el glaciar Bahía del Diablo también han documentado una tendencia general de pérdida de masa.

Los satélites permiten ahora observar desde cientos de kilómetros de altura un territorio que los primeros exploradores tuvieron que recorrer con trineos y embarcaciones, afrontando canales helados, fuertes vientos y largos periodos de aislamiento. Al mismo tiempo, los investigadores actuales trabajan para conservar las huellas materiales de aquella aventura, sometidas a los efectos de la erosión y los cambios ambientales.

La fotografía de la NASA ofrece así algo más que una curiosidad geográfica. Permite regresar al escenario de una expedición que terminó convertida en una extraordinaria historia de resistencia humana y recuperación científica. En una isla donde el hielo dibuja una silueta que recuerda a una calavera, tres hombres encontraron en 1903 el camino de regreso hacia sus compañeros. El paisaje continúa cambiando, pero aquel reencuentro permanece ligado para siempre a la geografía de Vega.

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