“Justo ese día observamos ondas de gravedad, unas perturbaciones atmosféricas producidas por movimientos verticales intensos en el aire, como los generados por las tormentas”, según expone la autora.
“Sabíamos que en la atmósfera existen capas de metales, que proceden de la entrada de polvo interestelar, y todo apunta a que estas fluctuaciones en la densidad del aire hacen que la altitud de estas capas sea variable: así, esta variabilidad sería la responsable de que no siempre aparezcan los ‘fantasmas’”, explica.
El hallazgo de estos átomos metálicos implica una actualización de los modelos para los eventos luminosos transitorios, cuya comprensión resulta a su vez fundamental para entender cómo funciona el circuito eléctrico global del planeta.
REFERENCIA: M. Passas et al. “Spectroscopy of a mesospheric ghost reveals iron emissions”. Nature Communications (2023)