La NASA lanza la misión para salvar el Telescopio Swift desde un avión

Imagen de la maniobra de ascenso tras la liberación del Pegasus del avión nodriza. Fuente: NASA

Sobre el Océano Pacífico, cerca de las Islas Marshal, un Lockheed L-1011 ha dejado caer un cohete Pegasus XL. A bordo, una misión única. La primera no tripulada que se acoplará a un telescopio espacial, uno no preparado para recibir visitas, además. El desarrollo exprés de Swift Boost responde a la urgencia por evitar que reentre en la atmósfera un equipo valorado en 500 millones de dólares.

La misión Swift rescue durante el cierre de la cofia del cohete Pegasus XL
Imagen de la integración del satélite Swift Boost y el lanzador, el Pegasus XL. NASA

El último vuelo de un cohete único

Lanzar un cohete desde un avión es una idea que, pese a reiterados intentos, nunca logró demasiados éxitos. El Pegasus XL podría ser el último vuelo de este tipo de misiones si los nuevos cohetes super pesados, como la Starship o el New Glenn, acaban por imponerse como la norma.

Uno de los mayores problemas que sufre este tipo de lanzadores es que el tamaño de los cohetes siempre es limitado. Pueden crecer tanto como el avión lanzador les permita. Esto generó algún ejemplar verdaderamente extraño como el caso de Stratolaunch, empresa creada por uno de los padres de Microsoft, Paul Allen. El avión que crearon ex profeso para lanzar primero el cancelado Falcon 5, y luego el también cancelado Pegasus 2 (evolución del Pegasus XL que hoy acaba sus operaciones) es el de mayor envergadura del mundo. Tras su fallecimiento, la empresa que nunca había logrado concretar demasiado sus planes, cayó en una espiral caótica. En la actualidad ya no aspiran a realizar lanzamientos espaciales sino a probar equipos hipersónicos que necesitan una aceleración inicial.

El Pegasus XL es uno de los dos únicos cohetes que alcanzan el espacio después de despegar a bordo de un avión nodriza, lleva haciéndolo desde 1990. NASA

El Pegasus XL está formado por tres etapas, la primera cuenta con una ala delta que le ayuda a cabecear y orientarse hacía arriba tras el lanzamiento. Esta etapa es la más grande con una longitud de 10 metros, la segunda se queda en únicamente 3, y la tercera es de 1,34. Todas ellas emplean combustible sólido, una herencia de los orígenes como misil balístico del desarrollo.

Pese a su compacto tamaño, la posibilidad de ser lanzado desde cualquier parte del mundo, especialmente cerca del ecuador. Además de la pequeña ayuda que le supone estar a más de 10 kilómetros de altura en el momento de ser lanzado, le permite cargar hasta 454 kilogramos a órbita baja.

Detalle de la nave Swift Boost
Imagen de detalle del Swift Boost ya acoplado al Pegasus antes de su lanzamiento, se ven claramente los brazos robot y las cámaras que guiarán la aproximación y el acoplamiento. Northrop Grumman

Salvar el telescopio espacial Swift

Lograr que dos objetos que viajan en órbita se acerquen, no es nada sencillo. La velocidad entre ambos no alcanza los populares 27 000 km/h, esta es la velocidad sobre un punto en la superficie de la Tierra, no entre ellos. Pero, se requiere una coordinación milimétrica cuando las ordenes tardan segundos en llegar y ser realizadas.

Peor aún, el Swift nunca se diseñó para recibir visitas. El Hubble estaba pensado para ser reparado en órbita y aún sí fueron algunas de las misiones más complicadas llevadas a cabo por el Transbordador Espacial. En este caso, el remolcador construido por Katalyst Space Technologies posee tres brazos robóticos que se agarrarán en la parte inferior del telescopio.

Operarios de Katalyst trabajan en uno de los brazos robot de la nave. Katalyst/NASA

Esto es más fácil de decir que de hacer, ya que debido al tiempo en el espacio, 22 años, muchas de las superficies aptas se comportan como vidrio. Además, tras buscar en los archivos de la NASA y el fabricante del Swift, Katalyst no encontró imágenes que muestren claramente la parte inferior del telescopio. Este es el lugar donde se tratara de acoplar Swift Boost.

El margen temporal es muy limitado, solo tendrán hasta finales de septiembre para lograr el acoplamiento. Pasada esa fecha, se prevé que el telescopio orbite por debajo de los 300 kilómetros, haciendo la maniobra demasiado peligrosa. Además, el aumento en el rozamiento por la entrada progresiva en capas más densas de la atmósfera reducirá notablemente el resultado de cualquier propulsión. Y debido a las incógnitas sobre su forma y estado, acercarse solo será un pequeño paso en la compleja secuencia que podría otorgar al telescopio hasta cinco años más de observaciones.

Imagen generada por ordenador que muestra el remolcador Swift Boost acoplado mediante los brazos robot a la superficie inferior del telescopio Swift
Recreación de cómo se vería el acople entre el telescopio y el remolcador espacial. NASA

El uso del lanzador Pegasus debería haber limitado los retrasos en la campaña de lanzamiento. El despegar desde los 10 kilómetros de altura hace que la mayoría de parámetros meteorológicos sean más laxos. A esa altitud ya vuela por encima de la mayoría de cúmulos nubosos. Su funcionamiento, consistente en motores de combustible sólido, los más simples que existen para la propulsión espacial, limitan los puntos de fallo en el propio cohete. Aun así, el despegue demoró varios días debido a incidencias de ambos tipos. Finalmente, el viernes 3 de julio a las 10:35 hora española, 20:35 hora de las Islas Marshall, el Lockheed L-1011 liberó el Pegasus XL. Tras unos segundos de caída rápidamente encendió su primera etapa y así empezó la persecución del telescopio Swift antes de que se acabe el tiempo.

Martín Morala Andrés

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