Un espía escucha a otro: la guerra fría del Pacífico a 36 000 kilómetros de altura
Noticias: actualidad, ciencia, aventura y naturaleza. Acompáñanos al mundo curioso
Las potencias espaciales llevan años persiguiéndose en la órbita terrestre. Estas luchas por averiguar lo que hace el otro rara vez son entendibles por la comunidad de aficionados. Hoy, sin embargo, se produce una de esas raras excepciones. En la órbita geoestacionaria sobre el Océano Pacífico, China y Estados Unidos pugnan por el dominio naval desde el espacio.
Por un lado tenemos al satélite GSSAP-6 estadounidense, oficialmente está designado como satélite de conciencia situacional espacial. Una designación muy compleja para decir que se dedica a controlar los movimientos y capacidades de otros satélites, de cerca. Específicamente, en la órbita geoestacionaria en la que trabaja pueden realizar maniobras de encuentro y aproximación. Un juego muy peligroso a 36 000 kilómetros de la superficie, puede acabar con daños por cientos de millones de dólares. No hay un precio claro por unidad, el programa está financiado a través de fondos clasificados, pero acaba de anunciarse que su sustituto comercial está abierto a competición por seis mil millones de dólares.
Por el lado chino tenemos al TJS-23, oficialmente designado como un satélites de pruebas de nuevas tecnologías de comunicación. Sin embargo, la teoría más aceptada es que este nombre solo responde a una intención de camuflar su verdadera funcionalidad militar. Específicamente se cree que este satélite, junto con los números 11, 20 y 25 de la serie se dedican a la inteligencia de señales (SigInt). Esto es, mediante el uso de antenas de gran tamaño, tratar de localizar la ubicación del emisor o incluso de poder escuchar qué dicen.
En el caso del TJS-23 es probable que se dedique a un termino intermedio. Por su ubicación, está perfectamente situado para estudiar los emplazamientos de pruebas de armas en el Pacífico de Estados Unidos.
Las persecuciones entre satélites están lejos de tener la emoción de una de vehículos terrestres. Sin embargo, tienen tanta tensión o más. Estados Unidos, que suele ser el más vocal a la hora de quejarse sobre interferencias de otros satélites observadores en el espacio, es esta vez el perseguidor.
Su satélite está realizando aproximaciones cada 12 horas al TJS-23, algunas a una distancia de tan solo 14 kilómetros. Durante las mismas el GSSAP está tomando fotografías, pero no solo. Por partes, esas fotografías permiten a los analistas de inteligencia comprender correctamente la amenaza. Las medidas de las antenas, paneles solares, radiadores determinan en buena medida las capacidades de estos aparatos. Sin electricidad, ni capacidad de refrigeración, poco puede hacer un orbitador. Por otro lado, es el tamaño de las antenas el que determina su capacidad de obtener información. Más tamaño, señales más pequeñas puede captar. Después hay toda una seria de procesos informáticos y matemáticos para analizar las ondas captadas, pero el límite, es físico en la antena.
Al acercarse tanto, el estadounidense, también puede realizar SigInt, pese a probablemente no tener antenas demasiado grandes. Estas pesarían mucho, y dificultarían su misión de acercarse a varios objetivos repartidos por la órbita geoestacionaria, este es el tercero del año. Al tener antenas bidireccionales de comunicación, estas son perfectamente validas, apuntadas hacía su objetivo, para escucharle.
En esta situación China no puede hacer mucho. Si desea mantener la cobertura sobre los que probablemente sean sus satélites espía más avanzados hasta la fecha. Estos han despegado desde el CZ-5B capaz de poner en órbita de transferencia geoestacionaria hasta 14 toneladas. Este potente lanzador permite a China igualarse un poco más en la lucha por el espionaje desde y en el espacio. Dado que no han movido al TJS-23 de su ubicación pese a la aparición del GSSAP-6, se puede deducir que no van a hacerlo hasta que no se vaya el estadounidense. Dado que esta no es una opción, tienen dos opciones, apagarlo mientras siga ahí su sombra, esto evitaría que EEUU pueda obtener información exacta sobre sus capacidades. O por otro lado, pueden seguir a la escucha de las actividades estadounidenses en el Pacífico a costa de entregar valiosa información sobre sus propias capacidades espaciales.