Estados Unidos difunde una fotografía de alta resolución del transbordador espacial militar chino

El transbordador espacial militar chino Shenlong

Imagen que muestra el transbordador Shenlong en alta resolución. Vantor/USSF/DIA

Estados Unidos y China siguen disputándose públicamente el control de la órbita terrestre. Esta vez, el golpe lo asestan los estadounidenses. La Fuerza Espacial de Estados Unidos ha publicado una fotografía ya conocida del transbordador espacial chino, aunque ahora en alta resolución. La imagen no fue tomada por medios propios del Ejército, sino por la empresa privada Maxar, actualmente Vantor.

El transbordador espacial militar chino Shenlong
Imagen que muestra el transbordador Shenlong en alta resolución. Vantor/USSF/DIA

La foto del más buscado

Estos transbordadores tienen una presencia muy potente en el imaginario colectivo. Además, permiten realizar maniobras de distinta índole en órbita, una cualidad muy valorada en la guerra espacial. Sus alas permiten aprovechar las capas más altas de la atmósfera para modificar su trayectoria sin consumir combustible, uno de los principales factores limitantes de los vehículos orbitales. Por su parte, las bahías de carga ofrecen espacio para incorporar distintos equipos, que pueden variar de una misión a otra.

Por lo visto en el caso del X-37B estadounidense, su permanencia en órbita puede ser extraordinariamente prolongada. Este aparato llegó a permanecer en el espacio durante 908 días, unos dos años y medio. Desde entonces, la discusión ya no gira en torno a si esa cifra representa su límite, sino a cuánto tiempo podría permanecer realmente en órbita. En el caso de China, su récord actual es de 276 días, alcanzado durante su segunda misión, mientras que la cuarta acumula ya 263 días. La tercera concluyó tras 266 días, aunque podría haberse planificado con una duración menor debido al despliegue de varios subsatélites que habrían ocupado buena parte de su bahía de carga.

Generalmente, seguir a un vehículo orbital es más fácil de lo que parece. Estos aparatos dejan huellas detectables mediante radares, sensores infrarrojos y, cuando transmiten, emisiones de radio. Sin capacidad para modificar significativamente su órbita, las plataformas espaciales resultan relativamente fáciles de rastrear. Las naves aladas, en cambio, pueden alterar su trayectoria aprovechando la resistencia atmosférica, lo que dificulta predecir su posición. También es posible incorporar elementos de diseño destinados a reducir algunas de sus firmas detectables.

Pero todo esto sirve de poco frente a un paparazi. Una cámara capaz de obtener imágenes detalladas puede revelar características exteriores que otros sistemas de vigilancia no permiten distinguir. Cuando comenzaron a desarrollarse estos vehículos, entre finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, la posibilidad de que otros satélites pudieran fotografiarlos con semejante detalle parecía mucho más lejana.

Imagen comparativa de naves espaciales aladas militares
Imagen que muestra a la izquierda el transbordador espacial militar chino Shenlong y a la derecha su homólogo estadounidense, el X-37B. Vantor/USSF/SpaceX/TWZ

Las comparaciones

Resulta inevitable utilizar esta primera imagen de alta resolución del transbordador espacial militar chino para compararlo con su homólogo estadounidense. El Shenlong destaca por emplear un módulo de servicio desde sus primeras misiones, algo que el X-37B no incorporó hasta bastante después. Además, existen diferencias entre ambos. Mientras que el módulo estadounidense es cilíndrico, el chino es cónico y alberga paneles solares, que en el X-37B se despliegan desde la bahía de carga. Más allá de esta diferencia en sus estructuras, cabe destacar las enormes similitudes entre ambos vehículos.

Es completamente comprensible. Más allá de un posible espionaje, las mismas necesidades suelen conducir a soluciones parecidas. Aunque una observación más detallada podría revelar diferencias en la disposición del tren de aterrizaje, ambos presentan una configuración similar. Emplean un tren triciclo, como los aviones comerciales o los cazas, con una rueda delantera y dos apoyos principales.

Ninguno de los dos parece tener problemas para aterrizar en pistas de gran longitud. El estadounidense ha empleado las instalaciones de la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg y la antigua pista del transbordador espacial en Florida. Ambas tienen aproximadamente 4,57 kilómetros de longitud. El chino utiliza una pista todavía más larga en el desierto de Lop Nur. Por sus características y su vinculación con las pruebas de vehículos secretos, este emplazamiento ha recibido el sobrenombre de Área 51 chino.

Por otro lado, pese a la falta de una escala precisa, las dimensiones de las cofias de sus lanzadores permiten estimar tamaños similares, en torno a los 12 o 13 metros de longitud y hasta 5 metros de envergadura, la distancia entre los extremos de las alas. Ambos aprovechan buena parte del espacio disponible en sus respectivos sistemas de lanzamiento, el CZ-2F en el caso chino y el Atlas V y Falcon 9 en el estadounidense. Sin embargo, el Shenlong emplea una cofia especial que le permite disponer de algo más de espacio.

Shenlong en su cofia
Así se vería el avión chino dentro de la cofia, las protuberancias de esta responden al elevado tamaño de las alas. Fuente: Twitter, @CloserToSpace

La publicación de esta imagen forma parte de un extenso informe público elaborado por la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos. En él se detallan las actividades espaciales militares, civiles y de doble uso de China y Rusia. También se incluyen descripciones menos extensas de las capacidades de Irán y Corea del Norte.

La fotografía es relativamente antigua, de 2024, y ya se conocía desde febrero de 2025. Sin embargo, hasta ahora solo había aparecido en una versión diminuta dentro de una presentación. El mismo informe menciona un segundo vehículo alado en desarrollo, destinado a reabastecer de forma robótica la estación espacial Tiangong.

En cambio, apenas se mencionan las capacidades del Shenlong. En el siguiente apartado, la agencia sí expresa su preocupación por las capacidades antisatélite chinas, aunque queda sin aclarar si existe alguna relación con este vehículo. Así de misteriosas son las agencias de inteligencia estadounidenses.

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