La NASA descubre que algunos microbios terrestres podrían resistir en el polo sur lunar
24/08/2026 Redaccion
Una investigación publicada en Science Advances indica que algunos microorganismos terrestres transportados inevitablemente por los futuros astronautas podrían sobrevivir en pequeñas zonas protegidas del polo sur lunar. El hallazgo plantea un desafío para las misiones Artemis y para la conservación de un entorno que todavía permanece prácticamente inalterado por la presencia humana.
La llegada de seres humanos al polo sur de la Luna podría llevar consigo unos pasajeros prácticamente inevitables. Bacterias y hongos asociados al cuerpo humano y a los entornos habitados podrían encontrar pequeños lugares en los que sobrevivir bajo las extremas condiciones lunares.
Un estudio dirigido desde el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y publicado el 19 de agosto en Science Advances ha analizado qué podría ocurrir con estos microorganismos una vez transportados hasta la superficie lunar. Los resultados muestran que algunas especies podrían permanecer viables en determinados lugares protegidos de la radiación solar, especialmente en las zonas de sombra existentes alrededor del polo sur.
El resultado adquiere especial importancia ante el regreso de astronautas a la superficie y los planes para establecer una presencia humana más prolongada. Una contaminación terrestre podría dificultar en el futuro la distinción entre la química original de la Luna y los materiales introducidos por las propias misiones humanas. El problema también constituye un precedente para la futura exploración de Marte.
Pequeños refugios para microorganismos terrestres
Transportar microorganismos hasta la Luna resulta prácticamente inevitable cuando viajan seres humanos. Nuestro cuerpo alberga enormes comunidades microbianas y algunos de estos organismos pueden liberarse desde los trajes espaciales y los hábitats.
El problema reside en que algunos son considerablemente más resistentes de lo esperado. Los investigadores estudiaron organismos presentes habitualmente en ambientes relacionados con los vuelos espaciales o asociados a los seres humanos. Entre ellos se encuentran Aspergillus niger, Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans y varias especies del género Fusarium.
Uno de los casos más interesantes es Aspergillus niger, un hongo encontrado en ambientes terrestres cálidos y húmedos y que también ha sido detectado dentro de la Estación Espacial Internacional. Experimentos anteriores demostraron que puede resistir incluso exposiciones en el exterior de la estación.
Esta resistencia sorprendió a los propios investigadores porque algunos de estos microorganismos no están considerados extremófilos, es decir, organismos especialmente adaptados a condiciones ambientales extremas.
Para determinar dónde podrían sobrevivir, el equipo estudió tres regiones próximas al polo sur lunar, Nobile Rim, Connecting Ridge y De Gerlache Rim. Las simulaciones utilizaron mapas ambientales elaborados a partir de datos de elevación y temperatura obtenidos mediante instrumentos del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), combinados con modelos de la radiación que alcanza la superficie.
El resultado reveló la existencia potencial de auténticos nichos de supervivencia, cuyas dimensiones pueden variar enormemente, desde el fondo de un cráter de varios kilómetros hasta una pequeña zona comparable con la huella de la bota de un astronauta.
Aspergillus niger fue el organismo que mostró una mayor resistencia a la radiación ultravioleta y, según los modelos, podría mantenerse viable incluso en determinados lugares con cierta exposición a la luz solar.
La peculiar iluminación del polo sur puede marcar la diferencia
La explicación está en la geometría de esta región de la Luna. Debido a la reducida inclinación del eje lunar, desde los polos el Sol permanece muy próximo al horizonte.
Cráteres, montañas, crestas e incluso pequeños accidentes del terreno pueden bloquear la radiación y producir zonas de sombra extremadamente frías. Algunas permanecen permanentemente oscuras y son precisamente uno de los grandes objetivos científicos de la exploración lunar porque pueden conservar hielo de agua y moléculas sensibles a la radiación.
Estas mismas condiciones podrían ofrecer protección a microorganismos introducidos accidentalmente por los exploradores.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre sobrevivir y desarrollarse.
En este trabajo, considerar que un microorganismo sobrevive significa que permanece viable durante al menos un día terrestre. Esto no implica que pueda crecer, reproducirse o establecer una población en la Luna. Los investigadores señalan expresamente que no existen evidencias de que el entorno lunar disponga de los elementos necesarios para mantener la reproducción microbiana, entre ellos agua líquida y unas temperaturas adecuadas.
Por tanto, el estudio no plantea la posibilidad de que colonias de microorganismos terrestres comiencen a extenderse por la Luna. El problema científico es diferente. Determinadas células podrían persistir en estado latente y permanecer como contaminación terrestre en lugares de interés para futuras investigaciones.
Un problema para Artemis y también una oportunidad científica
Antes de estudiar en profundidad estos lugares será necesario establecer una referencia suficientemente precisa de su composición original. De lo contrario, con el aumento de la actividad humana podría resultar progresivamente más complicado determinar qué sustancias estaban allí antes de nuestra llegada y cuáles fueron transportadas desde la Tierra.
Esta cuestión resulta especialmente importante para la astrobiología. Las técnicas que se perfeccionen en la Luna para identificar y controlar nuestra propia contaminación podrán ser fundamentales cuando las futuras misiones busquen indicios de vida en otros mundos, especialmente en Marte.
La Luna también puede convertirse en un extraordinario laboratorio para estudiar hasta dónde llega realmente la resistencia de los microorganismos terrestres. Las pequeñas regiones protegidas del polo sur ofrecen unas condiciones difíciles de reproducir completamente en nuestro planeta y permitirían estudiar directamente cuánto tiempo pueden persistir determinados organismos sometidos al vacío, las temperaturas extremas y la radiación del entorno lunar.
El polo sur lunar se prepara para recibir una actividad humana muy diferente a la experimentada durante el programa Apolo, cuyas seis zonas de alunizaje se encuentran relativamente próximas al ecuador. La llegada de nuevas misiones convertirá la protección planetaria y el control de la contaminación en aspectos cada vez más importantes de la exploración.
La paradoja es que esos microorganismos que inevitablemente acompañarán a los astronautas pueden convertirse también en un experimento. Conocer exactamente qué llevamos hasta la Luna y observar posteriormente qué ha sobrevivido permitiría determinar los límites reales de la vida terrestre en uno de los ambientes más hostiles accesibles para la exploración humana.
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