Así es el cráter de 18 metros que dejó el Falcon 9 tras impactar contra la Luna
20/08/2026 Redaccion
Nuevas imágenes obtenidas por el Lunar Reconnaissance Orbiter muestran con gran detalle la huella dejada por la etapa superior de un Falcon 9 que impactó contra la Luna el pasado 5 de agosto. La colisión excavó un cráter de 18 metros de diámetro y menos de 3 metros de profundidad y dejó un característico patrón de material eyectado sobre el regolito lunar.
El impacto de la etapa superior de un Falcon 9 contra la Luna ya tiene una huella perfectamente identificada sobre su superficie. Después de que astrónomos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) registraran desde España la evolución del material expulsado y de que la sonda surcoreana Danuri localizara el lugar desde la órbita lunar, el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) ha fotografiado con gran detalle el nuevo cráter.
La etapa impactó contra la superficie lunar el 5 de agosto de 2026 a las 06:35 UTC. Se trataba de la etapa superior utilizada en el lanzamiento del 15 de enero de 2025 que puso rumbo a la Luna los módulos Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Resilience, de ispace.
Tras completar su misión, la etapa quedó en el espacio y su trayectoria terminó conduciéndola hacia la Luna. El choque se produjo en las coordenadas 19,4759° N y 266,7138° E, a una elevación de 511 metros.
Las nuevas observaciones han permitido determinar que la colisión excavó un cráter de 18 metros de diámetro y menos de 3 metros de profundidad. La etapa alcanzó la superficie con un ángulo aproximado de 31° respecto a la horizontal y produjo una peculiar distribución del material eyectado que conserva información sobre la geometría del impacto.
Un cráter de 18 metros y una peculiar huella sobre la Luna
Las imágenes obtenidas por la Cámara de Ángulo Estrecho (NAC) del sistema LROC, instalado a bordo de LRO, permiten comparar directamente el terreno antes y después del impacto. La nueva formación aparece acompañada por una extensa zona de regolito removido alrededor del punto de colisión.
Uno de sus rasgos más llamativos es el patrón de eyección en forma de V situado al sur del cráter, compatible con los efectos producidos por impactos naturales que alcanzan la superficie con un ángulo bajo. En este caso, la etapa superior llegó con una inclinación aproximada de 31° respecto a la horizontal.
El resultado adquiere especial interés debido a la propia estructura del objeto. Una etapa de cohete presenta una distribución de masas muy diferente a la de un asteroide. Buena parte de su volumen corresponde a depósitos de propelente ya vacíos, mientras que en uno de sus extremos se concentra la elevada masa del motor.
La orientación de la etapa en el instante de la colisión pudo influir por tanto en la forma final del cráter y en la distribución del material eyectado. Si el extremo más pesado alcanzó primero la superficie, el comportamiento del impacto podría haberse aproximado más al producido por un objeto natural.
Las fotografías muestran además una combinación de materiales oscuros y brillantes alrededor del cráter. Esta diferencia permite conocer qué partes del subsuelo fueron excavadas durante la colisión.
La Luna está cubierta por una capa de materiales fragmentados y poco consolidados denominada regolito. Su parte más superficial permanece expuesta durante enormes periodos de tiempo al viento solar, los rayos cósmicos galácticos y los continuos impactos de micrometeoritos. Estos procesos, conocidos conjuntamente como meteorización espacial, modifican progresivamente las propiedades ópticas del material.
Según el análisis de las imágenes, el material más oscuro y dispuesto en forma de trazas procedería probablemente de los aproximadamente 50 centímetros superiores del regolito, más maduro por su prolongada exposición al entorno espacial.
El material más brillante concentrado cerca del borde del cráter habría sido excavado desde profundidades superiores a 50 centímetros. Se trata de regolito menos maduro, protegido hasta el momento del impacto bajo las capas superficiales y, por tanto, menos alterado por la meteorización espacial.
Danuri encontró el cráter pocas horas después del impacto
La sonda surcoreana Danuri, también denominada Korea Pathfinder Lunar Orbiter (KPLO), desempeñó un papel fundamental en la localización del lugar de la colisión.
A partir de las coordenadas estimadas por el Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) del Jet Propulsion Laboratory, el equipo del Korea Aerospace Research Institute (KARI) preparó una secuencia de observaciones para buscar la nueva formación.
Pocas horas después del impacto, Danuri orientó su cámara de alta resolución Lunar Terrain Imager (LUTI) hacia la región prevista. Cuando las nuevas fotografías llegaron a Tierra, los investigadores las compararon con imágenes obtenidas antes del suceso y encontraron la huella que acababa de aparecer sobre la superficie.
Las coordenadas refinadas por el equipo surcoreano permitieron posteriormente preparar con mayor precisión las observaciones de LRO previstas para el 11 de agosto, seis días después de la colisión.
LROC obtuvo aquel día cinco imágenes separadas por intervalos de 117 minutos, aproximadamente el tiempo que LRO necesita para completar una órbita alrededor de la Luna.
La geometría de cada observación fue diferente. En la primera, la sonda realizó una observación oblicua de 23° hacia el oeste. La siguiente se efectuó a 11° hacia el oeste y la tercera, después de que la trayectoria sobre la superficie hubiera sobrepasado el lugar del impacto, a 4° hacia el este. Las dos últimas se realizaron a 17° y 28° hacia el este.
Esta secuencia permitió contemplar la misma zona desde perspectivas muy diferentes y estudiar propiedades del terreno que resultan más o menos evidentes dependiendo de la geometría de observación.
El ángulo de fase, definido en este caso por la geometría entre la dirección de observación y la iluminación solar, varió entre 105° y 37°. Los ángulos de fase elevados permiten resaltar especialmente las diferencias de textura y rugosidad, mientras que los menores facilitan distinguir variaciones relacionadas con las propiedades ópticas de los materiales.
Las imágenes obtenidas con un ángulo de fase de 105° muestran con especial claridad una región oscurecida alrededor y dentro del nuevo cráter. Su apariencia indica que el terreno fue removido y adquirió una mayor rugosidad durante la formación del cráter, principalmente a escalas comprendidas entre centímetros y decímetros.
Con un ángulo de fase de 37° resulta mucho más evidente la extensión del material brillante y menos maduro que permanecía enterrado y quedó expuesto después de la colisión.
Un impacto que permite estudiar la formación de cráteres
La campaña de observación terminó con una sexta imagen especialmente espectacular. Trece horas y media después de la quinta observación, LRO orientó la cámara 68° hacia el este para obtener una perspectiva extremadamente oblicua de la región.
La imagen, de unos 25 kilómetros de anchura en su zona central, ofrece una visión del paisaje muy diferente a las observaciones realizadas desde posiciones próximas a la vertical. La perspectiva se aproxima a la que tendría un astronauta al contemplar el horizonte lunar desde una nave.
La secuencia constituye además un buen ejemplo de la importancia de la geometría de observación en la exploración planetaria. El ángulo de incidencia de la luz solar apenas varió entre 67° y 71° durante las cinco primeras observaciones, mientras que los diferentes ángulos de visión modificaron considerablemente la apariencia del terreno.
En la última imagen, el ángulo de incidencia aumentó hasta 78°, con el Sol más próximo al horizonte. Sin embargo, las sombras parecen menos extensas debido a que la iluminación procede prácticamente desde detrás de la cámara, con un ángulo de fase inferior a 4°.
El nuevo cráter ofrece ahora una oportunidad especialmente interesante para estudiar la física de los impactos sobre la Luna. Las características del objeto que produjo la colisión son mucho mejor conocidas que las de la inmensa mayoría de asteroides y meteoroides que han excavado cráteres en la superficie durante miles de millones de años.
La peculiar distribución de masas de una etapa de cohete permite además comparar sus efectos con los producidos por impactadores naturales y estudiar hasta qué punto la orientación del objeto en el momento de la colisión condiciona la morfología del cráter y la distribución del manto de eyección.
Las nuevas fotografías completan una secuencia de observaciones excepcional. El material expulsado por el impacto pudo registrarse desde España, Danuri identificó la nueva huella pocas horas después desde la órbita lunar y LRO ha permitido ahora estudiar con enorme detalle el cráter y los materiales excavados.
La etapa superior del Falcon 9 ha dejado así sobre la superficie de la Luna un cráter de 18 metros de diámetro y menos de 3 metros de profundidad, una nueva cicatriz que permitirá conocer mejor cómo se forman y evolucionan los cráteres de impacto en nuestro satélite.
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