Crew-13 despega mientras SpaceX fuerza a la NASA a replantear sus vuelos tripulados

La decimotercera misión de SpaceX para la NASA transportando astronautas hacia la Estación Espacial Internacional acaba de despegar. Sin embargo, la atención está puesta en lo que sucederá en el futuro inmediato. El anuncio de la compañía de Hawthorne de dejar de operar su cápsula Crew Dragon supone un quebradero de cabeza para la agencia espacial. De momento, la Crew-13 llegará al laboratorio orbital nueve horas después del lanzamiento, más rápido de lo habitual para las misiones estadounidenses, aunque lejos del récord ruso de hora y media.

Imagen de cerca de la Crew Dragon
Fotografia de detalle de la cápsula espacial Crew Dragon C213 previa al lanzamiento de la misión Crew 13. NASA

La plurinacional Crew-13

En la segunda misión de la cápsula C213, llamada Grace, vuelan cuatro astronautas de tres nacionalidades diferentes.

La única veterana, con más tiempo de vuelo que la propia cápsula, algo que empieza a ser raro en las misiones de SpaceX, es Jessica Watkins. Debutó en abril de 2022 en la misión Crew-4, lo que la convierte en la primera astronauta de la NASA en repetir a bordo de una cápsula de SpaceX. Sin embargo, no es la primera persona vinculada a la agencia espacial en hacerlo, ya que el administrador Jared Isaacman también realizó dos vuelos, financiados con su fortuna personal y antes de ocupar su actual cargo.

Junto a ella vuelan tres novatos, un estadounidense, un canadiense y un ruso. Luke Delaney ocupará el puesto de piloto. Entró en la NASA tras una extensa trayectoria en el Ejército, donde voló aviones cisterna y obtuvo un máster en ingeniería aeroespacial. El canadiense Joshua Kutryk entró en la CSA hace nueve años. Tras los retrasos de la CST-100 Starliner, a la que estaba asignado para volar, fue reubicado en este vuelo de SpaceX. Luke y Joshua recibieron juntos su entrenamiento como astronautas en la promoción de la NASA de 2020.

Como parte del programa de intercambio de astronautas, el ruso Sergey Teteryatnikov vuela al espacio a bordo de la cápsula estadounidense. Se desconoce si este programa continuará tras el final de la Estación Espacial Internacional.

El despegue transcurrió sin incidentes a las 11:10 de la mañana, hora de Florida, 17:10 en España.

Imagen de la tripulación
Imagen de la llegada de la tripulación de la Crew 13 al Centro Espacial Kennedy con los T-38 Talon en los que llegaron al fondo. NASA

El drama con las cápsulas tripuladas

En 2012, tras la retirada del transbordador espacial, Estados Unidos se quedó sin capacidad para llevar al espacio por sus propios medios a sus astronautas. Tampoco era la primera vez, pero esta vez era distinto.

El Congreso financió entonces dos cápsulas de nueva generación. La primera, la CST-100 Starliner, fue desarrollada por Boeing. Era la favorita y nunca se ocultó. Recibió más fondos, menos control y se daba por hecho que llegaría antes que la de SpaceX. Sin embargo, los de Hawthorne se adelantaron. La Crew Dragon estuvo lista antes y cumplió a la perfección su primer vuelo, sin astronautas. Todo se torció a su regreso, cuando, en una prueba posterior, la cápsula explotó.

En aquel momento, todo parecía indicar que finalmente la Starliner adelantaría a la Dragon, pero entonces empezaron los problemas de verdad con la cápsula azul. Misión tras misión, la cápsula ha sido un fracaso estrepitoso, hasta el punto de impedir el regreso de los astronautas de su primera misión de prueba a bordo de la propia nave.

Y entonces, en la agencia espacial se tomaron por fin en serio las advertencias de SpaceX. La Crew Dragon ya no acepta más pedidos. Completará los vuelos ya firmados y ninguno más. Después, los vuelos tripulados de la compañía de Elon Musk pasarán a Starship.

Fotografía de la CST-100 Starliner y el Atlas V
El cohete Atlas V N22 y la nave CST-100 Starliner el día antes del lanzamiento esperan en la rampa de Cabo Cañaveral. Fuente: NASA

Este escenario ideal choca frontalmente con la lentitud de la administración pública. Pero hay más detalles que muestran cómo la NASA aún no confía plenamente en Starship. Aunque probablemente sea el módulo de aterrizaje elegido para el alunizaje de Artemis IV, esa decisión sigue abierta y todavía no está cerrada. Más allá de este punto, la agencia tampoco contempla por ahora lanzar sus sondas espaciales a bordo de la nave de SpaceX.

Todo esto pese a que Jared Isaacman pagó por convertirse en comandante de la primera misión tripulada de Starship. Aunque esto ocurrió antes de que se convirtiera en administrador de la NASA, dentro del programa de exploración privada Polaris. Esto ilustra cómo, pese a que al frente de la agencia se encuentra una persona que mostró una enorme confianza en el proyecto, por ahora ni siquiera se permite su uso en misiones no tripuladas de la NASA.

Probablemente, los mayores problemas tengan que ver con el aterrizaje retropropulsado, precedido de una maniobra de volcado sometida a altas fuerzas G. A ello se suma la falta de claridad sobre el diseño final, o al menos sobre una configuración suficientemente estandarizada para vuelos tripulados o misiones de alta sensibilidad.

El Vulcan antes de su accidentado segundo lanzamiento. Fuente: Tory Bruno/ULA

En un escenario lejos de lo ideal, la NASA desembolsará 370 millones de dólares para solucionar dos de los problemas más urgentes. Primero, necesita un nuevo cohete para lanzar la cápsula, ya que el Atlas V ha dejado de fabricarse y se requieren más lanzadores de los que quedan construidos. Este problema está parcialmente resuelto con el Vulcan de ULA, empresa de la que Boeing posee el 50 %. Solo falta certificarlo.

Por otro lado, debe reconstruirse el sistema de control de reacción, cuyos problemas dieron al traste con la anterior misión de la cápsula. Boeing llegó a plantearse abandonar el programa, en el que acumula unas pérdidas de alrededor de 2000 millones de dólares.

Martín Morala Andrés

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