La ESA abre las puertas de su centro en España: un día entre satélites, científicos y futuras misiones

Sara Garcia Alonso, Carole Mundell y Cecilia Hernandez hablan al público durante el panel central del día.

Todos los años, la Agencia Espacial Europea abre las puertas de sus centros a la ciudadanía. Acercar a los ciudadanos el impacto de sus impuestos genera una relación simbiótica. La labor de los tres mil empleados de la ESA es menos conocida de lo que a ellos les gustaría. A veces, esto resulta especialmente evidente, como en el caso de los trabajadores de Galileo, con un objetivo casi obsesivo, que dejemos de llamar GPS al posicionamiento por satélite. Otras veces, algunos de sus protagonistas sí ocupan titulares, como la astronauta Sara García Alonso.

Sara García Alonso junto con una cola de infantes que desean hacerse una foto con ella
Uno de los momentos más notables del día fue la sesión de fotografías con la astronauta Sara García Alonso, fue imposible encuadrar la cola entera y a la protagonista en una sola imagen.

Una afluencia masiva, solo seis minutos de entradas

El European Space Astronomy Centre, ESAC (Centro Europeo de Astronomía Espacial), recibe a 2500 asistentes en sus jornadas de puertas abiertas. Es un centro relativamente grande, pero en un lugar tan sensible como este resulta necesario mantener cierto control. Eso no impide que su propia directora, la profesora Carole Mundell, al frente del centro y del Directorado de Ciencia de la ESA, lamente haber tenido que dejar fuera a otras 8000 personas que solicitaron asistir.

Las entradas se agotaron casi de forma instantánea, como si de un concierto de pop se tratase. En apenas seis minutos, solo aquellos afortunados que estaban a la caza de una de las codiciadas plazas consiguieron hacerse con ella. Nosotros no fuimos uno de ellos, pero un proceso paralelo para la prensa nos brinda la oportunidad de llevar hasta sus casas parte de lo que la ESA hace en la suya.

Fue un asunto que preocupaba a varios de los representantes de la ESA con los que pudimos hablar, incluida Carole Mundell, que quiso disculparse ante todos aquellos que no pudieron acudir. También los animó a utilizar los recursos públicos disponibles en la web de la ESA, a participar en sus proyectos de ciencia ciudadana y prometió trabajar para ampliar el número de plazas en los próximos años.

La Dra. Ines Belgacem posa junto con una maqueta de JUICE, misión en la que participa como coordinadora de operaciones científicas.

El Directorado de Ciencia, a toda potencia

Desde la menor distancia imaginable al Sol hasta los confines del Sistema Solar. Incluso hasta sistemas estelares que no pueden verse desde la Tierra. Allí donde se pueda investigar, una nave de la ESA lo hará. Y todo por un precio muy pequeño. El presupuesto de la ESA equivale a solo 16 € al año por ciudadano. Estos resultados son la suma del trabajo colaborativo de todos sus países miembros y asociados, un total de 31.

Carole se mostró especialmente entusiasmada por el reciente aumento del presupuesto, de unos 600 millones de euros. «Por primera vez en unos 30 años conseguimos un incremento real en el presupuesto, lo cual fue un enorme voto de confianza de los 23 ministros. Todos ellos dijeron que [el Directorado de] Ciencia era el corazón de la estrategia y que todo lo demás se construye desde ahí. También fue un testimonio de la calidad del programa, de las misiones y del valor de lo que devolvemos por el dinero invertido».

Este aumento del presupuesto permitirá costear misiones como la ya aprobada L4. Esta futura misión, de la que aún se conocen muy pocos detalles, pretende situar a Europa en primera línea de la búsqueda de vida en el Sistema Solar. Para ello, se prevé aterrizar una nave en Encélado, una luna helada de Saturno. Alcanzar ese objetivo exigirá un importante salto en las capacidades tecnológicas europeas, especialmente en el almacenamiento de energía. Una de las posibles soluciones está en un isótopo llamado americio-241. Con él, la ESA trabaja en desarrollar un generador termoeléctrico de radioisótopos, capaz de proporcionar energía durante décadas.

Carole Mundell posa con la camiseta de color rojo, el color del directorado que preside y con sede en los alrededores de Madrid.

GNSS, pero puedes llamarlo Galileo

Las siglas GNSS probablemente no digan mucho, pero son la terminología correcta para referirse a la tecnología que empleamos cuando hablamos del GPS. Por partes, las primeras corresponden en inglés a Sistema Global de Navegación por Satélite, mientras que GPS, Sistema de Posicionamiento Global, es solo una de las constelaciones que forman parte de este conjunto.

Estados Unidos puso en marcha el GPS y la Unión Soviética desarrolló después GLONASS como respuesta. Ambos sistemas nacieron con una función predominantemente militar y el acceso civil pleno llegó de forma progresiva.

El siglo XXI vio nacer la primera constelación GNSS civil bajo control civil, Galileo. Fue desarrollada por la ESA y la Unión Europea para dotar a Europa de un sistema propio de navegación por satélite y mejorar un servicio que hoy resulta difícil imaginar fuera de la vida cotidiana.

Pero esta tecnología también permite hacer ciencia. Como los satélites y las estaciones terrestres se encuentran en condiciones gravitatorias y de movimiento diferentes, sus relojes acumulan pequeños desfases temporales. Esa diferencia es fundamental para el funcionamiento de la constelación, que necesita conocer con enorme precisión dónde está cada satélite y en qué instante. Para ello emplea relojes atómicos extremadamente precisos. Las discrepancias medibles entre los relojes embarcados y los situados en tierra permiten además realizar pruebas de física relativista.

Imagen de la sala de control del servicio de apoyo a la ciencia de Galileo ubicado en el ESAC con una de sus trabajadorass
Sara del Rio, empleada del servicio de ciencia de la constelación Galileo en la sala de control dentro del ESAC con un reloj de cesio al fondo a la izquierda tras una mampara.

La acuciante pregunta de la cápsula tripulada europea

En los últimos años parece obligado insistir en este tema. El murmullo a su alrededor es constante. Proporcionar el módulo de servicio de Orion sitúa a la ESA más cerca de disponer de una cápsula tripulada propia de lo que ha estado desde el desarrollo de Hermes. Y, lejos de rehuir la cuestión, todos coinciden en que las capacidades existen. El problema reside en otro punto de la cadena.

El aumento del presupuesto fue un paso en esa dirección, pero alcanzar esta capacidad exige ir más allá. Los ministros de los Estados miembros deben reunirse, decidir que Europa quiere disponer de una cápsula tripulada propia y dotar al proyecto del presupuesto necesario. La industria privada europea es más que capaz de afrontar el reto. Así lo consideran tanto desde los niveles más altos de la agencia como quienes trabajarían directamente en un programa de estas características.

La próxima reunión ministerial en Roma, prevista para diciembre, será un momento importante para este programa todavía nonato. El apoyo que se está proporcionando a otros proyectos, como los nuevos lanzadores y la nave de reabastecimiento para la Estación Espacial Internacional, podría ofrecer algunas pistas sobre el rumbo que Europa quiere tomar.

Guillermo Gonzalez ingeniero de integración del módulo de servicio europeo en una presentación
Guillermo Gonzalez es uno de los muchos ingenieros que trabaja en que todas las piezas del módulo de servicio europeo, provenientes de todos los rincones de Europa, encajen y permitan el regreso a la Luna.

Las más de cuatro horas que pasamos recorriendo los diferentes puestos y la docena de entrevistas, más o menos formales, que mantuvimos no caben en mil palabras. Fuera quedan, por ejemplo, niños lanzando pelotas contra una caja de arena, un experimento aparentemente simple con un enorme valor para la modelización de impactos de asteroides.

Un geólogo de la ESA explica a dos niñas cómo estudiará el interior de Mercurio exactamente igual que ellas hacen con la arena.

Tampoco hay espacio para detenerse en misiones tan importantes como Arrakhis y PLATO, con una participación española sin precedentes.

Imagen de una maqueta de PLATO que estudiará miles de estrellas en busca de una segunda Tierra.

El Directorado de Ciencia de la ESA desarrolla simultáneamente numerosas misiones que, en mayor o menor medida, terminan teniendo impacto en la Tierra. Carole Mundell señalaba en la entrevista lo difícil que será lograr una batería capaz de almacenar energía durante siete años y, después, activarse a cientos de grados bajo cero en la misión L4. Esa tecnología acabará llegando también a la electrónica de consumo y podría ayudar a que, en pleno invierno, las baterías de nuestros teléfonos duren más.

Con esa sensación de haber visto mucho y de no poder abarcarlo todo, dejamos atrás el ESAC. Allí quedan trescientas personas brillantes que seguirán trabajando hasta volver a recibirnos dentro de un año.

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