La ruta de los huesos: desde la capital más fría del mundo a través de una necrópolis de 2 000 kms

Agustín Amaro/Miguel A. Julián

En la década de 1920, con el desarrollo de la industria minera, el estado soviético vio necesario crear una red de carreteras locales que permitieran un acceso rápido a toda esa riqueza. Una de las regiones más ricas era la de Kolyma, en el Lejano Oriente, región que toma su nombre del río que la cruza.

Durante la época estalinista, miles de convictos fueron enviados a los gulags de la región. Estas víctimas de las represiones estalinistas empezaron a llegar a principios de la década de 1930: kulaks ucranianos y polacos, letones, lituanos y estonios que, tras la invasión de sus países, llenaron las primeras remesas. El objetivo: comunicar el puerto de Magadan con la lejana Yakutsk, en un vasto territorio ártico y subártico, el infierno blanco al que los soviéticos temían más que a cualquier otro lugar de Siberia.

El resultado fue una carretera de 2000 kms, entre estas dos capitales, un camino construido con la sangre de miles de esos prisioneros: la carretera Kolymá, también conocida como «La ruta de los huesos«.

La ruta de los huesos

Con unas condiciones climáticas extremas, temperaturas por debajo de los -50 grados, raciones de comida muy insuficientes y epidemias de escorbuto y disentería, la mortalidad de los prisioneros era del 30% durante el primer año, y casi del 100% a los dos años. A falta de datos, es casi imposible conocer el número exacto de fallecidos, pero las estimaciones varían entre 130.000 y 500.000 muertos.

Lo que propiciaba otro problema: en esa región hace tanto frío que hasta los cadáveres que se entierran en los cementerios, debido a los ciclos de descongelación del suelo, acostumbran a emerger de la tierra, como si de una película de zombies se tratara. Para evitar este problema, los soldados que custodiaban a los trabajadores optaban por lanzar los cuerpos bajo los cimientos de la carretera a medida que esta iba avanzando (cuenta la leyenda uno cada metro de la carretera).

Así pues, si circulas por esa carretera, estás circulando por un campo santo de 2000 kms de longitud. Tras la caída de la URSS, la carretera se convirtió en un atractivo destino para turistas occidentales, fue transitada, por primera vez, por un equipo británico, en 1995.

Es una ruta que, por raro que parezca se aconseja hacer en invierno, ya que esto permitirá cruzar y circular por los ríos helados, y no por el barrizal en el que se convierte, la carretera, en verano.

Si transitas por esa carretera, estarás circulando por un campo santo de 2000 kms de longitud

La mejor opción es empezar desde Yakutsk, la capital de la Rep. de Sajá, la ciudad más poblada al noreste de Rusia y un importante centro cultural, científico y económico, además de un importante mercado de diamantes. El 20% de la producción mundial de diamantes procede de Yakutia. Por tanto, si pasas por Yakutsk, no dejes de visitar su mercado de diamantes, los encontrarás a precios muy por debajo de los del mercado occidental.

También está considerada la capital más fría del planeta con un mínimo histórico de -64,4ºC, por eso otra curiosidad que se puede visitar es su mercado al aire libre donde podrás ver que la mercancía de carne y pescado se exhibe al aire ya que con una media de -40 hace más frío que en un congelador.

Tampoco te puedes marchar de la ciudad sin probar la típica stroganina, un pescado crudo congelado que se sirve en finas y largas lonchas acompañado de sal y pimienta, a veces también con mostaza.

Ya a la salida hacía la Ruta de los Huesos, tendrás la oportunidad de cruzar el río Lena congelado (río que él solo merece un capítulo aparte por las curiosidades que alberga) y de encontrarte con manadas de caballos yakutos.
Un caballo perfectamente adaptado a las frías temperaturas siberianas, de complexión compacta, pelo abundante y grueso y patas cortas y robustas.
Una vez se entra en la Kolymá te vas a encontrar un altar donde se hará una pequeña ofrenda a los espíritus de miles de muertos que costó su construcción, no son muy exigentes, bastará dejar unas golosinas, galletas o unos cigarrillos para tener su beneplácito para cruzar y su protección durante todo el camino, un camino que raramente acaba sin incidencias de algún tipo.

Aunque no creas en ellos es conveniente dejar tu pequeña ofrenda, los siberianos, y en concreto los yakutos, son muy supersticiosos, se tomarían muy mal que no lo hicieras. Y nunca, jamás se te ocurra silbar bajo techo, eso atraerá a los espíritus enfurecidos, y sobre todo, te puede costar un serio disgusto con los locales, no dudarán en echarte de sus casas si lo hicieras.

 

Temperaturas que raramente subirán de -40 °C

Por el camino, con unas temperaturas que raramente subirán de -40, es obligatoria una parada en Taatta, lugar del nacimiento del poeta, escritor y traductor Platón Oyunsky, traductor de los Olonkho, la epopeya heroica yakut y padre fundador de la literatura moderna yakuta.

Allí están los monumentos basados en sus obras, como el de chamán Karakeen o el del niño pescador.

Aquel que posee un caballo negro rápido y valiente. Nacido en el horizonte de un claro cielo blanco” Reza a los pies del monumento a la más importante epopeya épica yakust, treinta y seis mil líneas
poéticas que se remontan a los siglos VIII y IX

Historias que hablan de venganzas de sangre, guerras intertribales y disputas en los antiguos yakutos, el héroe: Nyurgun Bootur el veloz y su tribu, representado com un jinete fuerte, atlético, valiente y tan rápido como una flecha, pero también con un temperamento incontrolable.

Platón Oyunski fue arrestado en 1938 por la NKVD acusado de conspiración contrarrevolucionaria burguesa, murió en un hospital de la prisión de Yakutsk en 1939, fue completamente rehabilitado en 1955.

En 2009 la UNESCO incluyó el Olonkho en su lista de patrimonio de inmaterial de la humanidad. Su obra si bien no ha sido traducida al castellano, hay traducciones al inglés para los que estén interesados.

El pueblo más frío del mundo

Ya siguiendo con la ruta entramos en uno de sus lugares más emblemáticos, el valle donde se
encuentra el pueblo de Oymyakom, considerado el lugar habitado más frío del planeta, aunque sobre el tema haya disputas con Verkhoyansk.

El llamado polo de frío del Norte registró el 26 de enero de 1926 una temperatura de -71,2ºC,
hecho sobre el que hay algunas dudas ya no fue medida directamente sino por aproximación, algo que aprovechan en Verkhoyansk y en su vecino Tomtor para adjudicarse también esa plusmarca.
Pero a pesar de esas desavenencias los habitantes de Oymyakom están muy orgullosos de ser el pueblo más frío del mundo y tampoco es buena idea discutirlo con ellos allí.

Una vez allí no se puede dejar de visitar el monumento al Polo de Frío que hay en el centro del pueblo para sacarte la foto de rigor y pasar a registrarte en la pequeña oficina del Ayuntamiento, donde te darán un diploma en el que te certificarán que has visitado el Polo de Frío del Norte con la temperatura registrada el día de tu visita.

Actualmente difícilmente se llegan a los -71,2 grados de la plusmarca pero si tienes suerte y llegas un día especialmente
frío puedes encontrarte con uno de los fenómenos naturales más hermosos y raros: lo que el pueblo yakuto denomina «El Susurro de las Estrellas«.
Ocurre cuando una persona habla o respira en un entorno de -60ºC, como el sonido viaja a más rápido en el frío extremo, que es particularmente bello junto al tintineo de tu aliento al congelarse.
Por la noche podrás escuchar la respiración del ganado congelándose y la estrellada noche siberiana se convierte en un continuo cascabeleo de cristales helados cayendo al suelo.

Para los yakutos, este momento es festivo, pues afirman que las palabras caen al suelo y vuelven con el deshielo, por lo que durante ;El Susurro de las Estrellas; solo se deben decir palabras bonitas y alegres, para que estas regresen en primavera.

Si puedes, antes de partir date una vuelta por el río Indigirka (otro con historias fabulosas), allí podrás acompañar a los pescadores que pescan en agujeros en el río helado y ver cómo las piezas se congelan a los pocos segundos de salir del agua.

 

Agradecer la colaboración de Carmen Cabeza y Oksana Boretska en la traducción.

No te pierdas el próximo domingo la continuación de la ruta.

Siguiente parada: el pueblo de Tomtor.

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