¿Está la Tierra temblando más? La respuesta está entre la geología y los titulares
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La geología es la ciencia que estudia los terremotos y el resto de procesos de la Tierra. Sin embargo, esta pregunta requiere mucho más de la ciencia de la información y la sociología. Los sismógrafos solo dan una respuesta binaria, sí o no, y aunque válida, merece la pena entender cómo la transmisión de la información altera nuestra percepción de la realidad.
Los terremotos no son algo cíclico, pero sí son constantes. A través del registro sedimentario, podemos estudiar casos sucedidos hace miles y cientos de miles de años, a veces más. Y de momento, estamos seguros que en la gran mayoría de la historia de la Tierra, sino en toda, los hubo. Incluso cuando todo era un único supercontinente, ya fuera Pangea, Rodinia o cualquiera de los anteriores. Las placas tectónicas seguían estando ahí, siguiendo el camino que siguieran y chocando contra el resto de masas rocosas.
Su no ciclicidad hace que ocasionalmente pueda haber picos. Estos son locales, al menos en este momento de relativa estabilidad de la litosfera. Al fracturarse Pangea, teniendo en cuenta la actividad volcánica, y la violencia de la ruptura del supercontinente, sí hubo un pico global de la actividad tectónica. Además, este fue tanto en número, había más terremotos, como de magnitud, más potentes.
Hoy en día, no se cumplen esas condiciones, ni lo harán por millones de años. Sin embargo, ultimamente hay quien dice que hay muchos terremotos. En una escala global no, pero sí están teniendo más representación en las noticias. Pero eso son factores periodísticos o sociológicos, no geológicos.
Las placas tectónicas se mueven, constantemente. Son las liberaciones bruscas de energía al soltarse zonas que se habían quedado enganchadas las que provocan los terremotos. Al menos ese es nuestro mejor entendimiento actual del mecanismo por el cual existen terremotos.
Pero esto tiene dos vertientes, por un lado, que cuando hay muchos terremotos, la energía acumulada es menor, no es digno de telediario. Y pese a ello, los sismómetros, detectan muchos, de los que como mucho se enteran las personas de la zona. Por otro, que cuándo se frenan, y de repente hay uno de mucho más impacto, ese sí que llega a las noticias.
Las imágenes que muestran destrucción, las listas interminables de víctimas y desaparecidos sí son material de noticia. Además, está comprobado que tiene un gran efecto en el receptor de la información. Este año, ha dado la casualidad que dos terremotos de gran intensidad (distinto de magnitud) sacudieron dos países hispanohablantes. Dados los grandes lazos entre todos los países que compartimos la lengua de Cervantes y García Márquez, esas imágenes se repitieron a lo largo de varios ciclos informativos.
Esa alimentación continuada de información que además, provoca más impacto por cercanía, genera una sensación de perpetuación o repetición. Esto acaba derivando en que una persona, sometida a este foco de comunicación crea o perciba que este año haya más terremotos que en otros anteriores. Ya sabemos que La Agenda-Setting (teoría clásica de McCombs y Shaw) establece que los medios de comunicación no te dicen cómo pensar, pero sí sobre qué pensar.
Este no está siendo un año particularmente agitado, sobre todo si la tendencia anual se mantiene. Hace tres años por ejemplo sí lo fue, con tres terremotos superando la magnitud 8. Otros años sucede una o ninguna vez. Sin embargo, ninguno causó víctimas o daños, eso hará que dicho año no sea recordado particularmente violento. 2010 y 2011 no sobresalen notablemente en el número global y siempre estarán vinculados a Haití y Japón y los desastres que causó el suelo al temblar. Los datos pueden ayudar a combatir el miedo cuando nuestro instinto se alarma, para los sismos, pero los medios de comunicación debemos hacer nuestra parte también.