El buen papel de España en el espacio bajo el paraguas de la ESA y la Unión Europea

España es un país europeo de primer nivel. Eso lo hace estar a la vanguardia de la tecnología. Y un sector desconocido para el público general donde España destaca es el aeroespacial.

Más allá de empresas como PLD Space, o de programas nacionales como el Pilum.

Opción 1: En el panorama europeo existe una destacada presencia de España

Opción 2: hay un mundo de programas europeos donde España participa.

Pablo Álvarez en una imagen distribuida por Airbus, empresa en la que trabajaba hasta su contratación como astronauta por la ESA. La empresa posee una importante porción del negocio en España. Fuente: Airbus

La participación española en la ESA.

Es simple, la mayor parte del dinero invertido en el espacio en España va a parar a la ESA. Es la agencia espacial europea la que lleva el peso de la exploración espacial institucional. A esta se le añaden el INTA y el CDTI a un nivel nacional. La Unión Europea crea una bicefalia a nivel supra nacional complicada de entender y aún más de explicar. Con mucho de política e intereses nacionales y muy poco de dedicación a la ciencia en juego.

La ESA, pese a su nombre, no guarda relación con la Unión Europea. De hecho, más adelante abordaremos el papel de esta en el espacio que también cuenta con participación española.

En cuanto a instalaciones de la ESA en España, la que más destaca por tamaño es la estación de Cebreros. Esta instalación, que es remotamente operada desde Alemania, forma parte de la red ESTRACK de la ESA. Esta red formada por tres antenas principales de 35 metros de diámetro, permite a la ESA comunicarse con cualquiera de sus sondas en el espacio profundo.

La instalación, situada en la frontera entre las provincias de Madrid y Ávila, cuenta con más antenas para mantener el contacto con satélites en órbita baja.

Además, la ESA mantiene en España su centro europeo de astronomía. Esta sede es donde se albergan las operaciones científicas de las misiones astronómicas y planetarias. Aparte, aquí se encuentra el archivo científico de la agencia. Los datos que aquí se guardan sirven para investigaciones en todo el mundo.

Imagen de la antena de 35 metros de diámetro de la estación de Cebreros durante su construcción. Fuente: ESA

La aportación anual de España a la ESA son 220 millones de euros. Pero, en la última reunión ministerial de la ESA se ha confirmado un aumento hasta los 300 millones. Es el sexto máximo aportador a la agencia con un 5,5% del total que recibe la ESA. Por delante están Francia, la que más aporta, Alemania, Italia, Reino Unido y Bélgica.

Debido a como está planteada la ESA, la gran aportación española permite al estado adjudicarse grandes retornos industriales. Esto ha generado una gran cantidad de capital humano de muy alta cualificación que se ha ido desperdigando por numerosas empresas.

El mejor ejemplo de lo que esto supone lo encontramos en Pablo Álvarez. Ha logrado alcanzar un puesto en el cuerpo de astronautas de la ESA gracias a su gran experiencia trabajando en diferentes empresas españolas dedicadas a la aeronáutica y el espacio.

La Unión Europea es un actor muy importante del sector aeroespacial

La Unión tiene una agencia espacial propia, aunque la idea de convertir la ESA en la agencia espacial comunitaria es recurrente. El motivo es evidente, la UE posee un programa espacial, centrado en la Tierra, pero que deja en ridículo a algunos teóricamente más poderosos, sin ir más lejos, el de la ESA.

Dos programas destacan en la Unión Europea, el programa de observación de la Tierra Copernicus y el programa Galileo de posicionamiento global.

Puede que no conozcas ninguno de los dos. Sin embargo, los usas a diario. Si empleas la localización GPS de un smartphone dentro del espacio territorial de la Unión Europea, no estarás utilizando la constelación GPS. Esta constelación de origen militar estadounidense fue la primera red de posicionamiento vía satélite global. Pero la Unión Europea decidió en 1998 que era de su interés lanzar una constelación propia. Esto se formalizó en 2003 cuando las propuestas fueron puestas en conjunto y se lanzó una única propuesta conjunta.

Tras muchos problemas de financiación y de presiones políticas, finalmente se logró hacer despegar el programa.

En 2005 se lanzó el primer satélite de demostración y en 2008 el segundo. Aun en medio, ambos, de la tormenta política.

En octubre de 2011 se lanzó al fin el primer satélite operativo de la constelación y para 2015 se logró alcanzar la capacidad operativa inicial. Hoy en día la constelación ya tiene capacidad operativa total, aunque el trabajo en ella no ha terminado.

Los satelites Galileo 23 a 26 en lo alto de un cohete Ariane 5 antes de su lanzamiento. Fuente: ESA/CNES/Arianespace

En origen, se impuso la idea de que Europa necesitaba independencia estratégica de Estados Unidos y Rusia en una función clave como son las redes de posicionamiento global. Además, estas redes están controladas por los militares de EEUU y Rusia respectivamente. Para un ente civil como la Unión Europea, no era plato de buen gusto, así que se lanzó a financiar la empresa. Finalmente, la aceptación y capacidad técnica del sistema ha sido sobresaliente y empiezan a diseñarse ya los satélites de la segunda generación de esta constelación. Estos convivirán con los de la primera mientras estos aún resistan.

Esto debería ser unos cuantos años, ya que la tercera evolución de la primera generación empezará a lanzarse el año que viene si no hay más retrasos en el lanzador Ariane 6.

El primer Ariane 62 que se ha completado. Esta es una unidad de pruebas en cualquier caso y se usará para el vuelo inaugural. Fuente: ESA

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Pero la constelación Galileo no es la única de la que debe sentirse orgullosa la Unión Europea. La red de satélites Copernicus es uno de los mayores éxitos de la repercusión del espacio en la vida diaria.

Imagen de la gran barrera de coral tomada por el satélite Sentinel 2A. Fuente: Airbus

Mientras que la mayor parte de los datos obtenidos mediante satélite están detrás de costes astronómicos, los datos de Copernicus son gratuitos.

Estos datos que abarcan decenas de métricas como:

  • Imágenes en espectro visual de la superficie
  • Imágenes en espectro infrarrojo
  • Concentraciones de diferentes gases y aerosoles en la atmósfera
  • Imágenes vía radar
  • Temperaturas superficiales en tierra y en mar

Todo esto puede ser utilizado por cualquiera que lo precise en la siguiente web: web de los datos de satélites Sentinel

Las aplicaciones de estos datos son infinitas. Desde las más terrenales como mejorar las previsiones meteorológicas o controlar el cambio climático y la calidad del aire. Hasta la búsqueda de nuevos yacimientos minerales o creación de mapas.

El desconocido papel de España en el espacio se ve aún más opacado por el desconocimiento alrededor de los programas europeos.

Si bien el papel de la ESA es más conocido gracias a sus misiones interplanetarias, es la Unión Europea la que mejora nuestro día a día con misiones enfocadas a Tierra. Y todas ellas cuentan con participación española.

Martín Morala Andrés

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