El instrumento MOMA será capaz de detectar esas diferencias
La tarea recaerá sobre el Mars Organic Molecule Analyzer (MOMA), uno de los instrumentos principales del rover Rosalind Franklin y desarrollado bajo liderazgo del Instituto Max Planck.
MOMA combina un cromatógrafo de gases, un espectrómetro de masas, pequeños hornos y un sistema láser. Las muestras extraídas del subsuelo marciano se calentarán y los gases liberados pasarán por una serie de capilares especialmente diseñados. Como las distintas configuraciones quirales reaccionan de forma diferente con sus recubrimientos internos, el sistema puede separarlas y analizarlas.
En las nuevas pruebas, realizadas con réplicas idénticas de los tubos que volarán a Marte, los investigadores consiguieron por primera vez separar con éxito las variantes quirales del pristano y el fitano.
La elevada sensibilidad y precisión del instrumento demostraron ser suficientes para detectar diferencias extremadamente sutiles, un requisito esencial para futuras investigaciones en el planeta rojo.
Un meteorito reveló una sorpresa inesperada
Para poner a prueba el sistema, el equipo utilizó muestras del famoso meteorito Murchison, caído en Australia en 1969 y conocido por contener una gran diversidad de moléculas orgánicas.
Los investigadores suponían que el pristano y el fitano presentes en este meteorito procedían de contaminación biológica posterior a su caída. Sin embargo, los resultados mostraron algo inesperado.
Las variantes quirales aparecían en proporciones idénticas, algo incompatible con una procedencia biológica reciente. El análisis apunta a que estas moléculas llegaron al meteorito a través de aerosoles generados por la combustión de combustibles fósiles durante su descenso por la atmósfera terrestre.
Comparaciones con pizarras bituminosas y otros sedimentos ricos en petróleo apoyan esta interpretación. Bajo condiciones de presión y temperatura elevadas, el desequilibrio quiral desaparece, dando lugar a mezclas equilibradas de ambas configuraciones.
Un ensayo general para la búsqueda de vida en Marte
Más allá de este resultado concreto, los investigadores consideran que el trabajo constituye un importante ensayo para las futuras operaciones del rover Rosalind Franklin.
La capacidad de distinguir moléculas con configuraciones especulares diferentes podría convertirse en una de las herramientas más prometedoras para identificar antiguas biosignaturas en Marte. Al mismo tiempo, el estudio abre nuevas preguntas sobre el origen de las moléculas orgánicas presentes en meteoritos y sobre la creciente contaminación por compuestos derivados del petróleo en la atmósfera terrestre.
Si alguna vez existió vida en Marte, moléculas tan resistentes como el pristano y el fitano podrían haber conservado su rastro durante miles de millones de años. Y cuando el rover europeo comience a perforar el subsuelo marciano en 2030, MOMA estará preparado para intentar descubrirlo.