Rosalind Franklin: de las praderas europeas al desierto de Marte

Imagen de las pruebas de Rosalind Franklin en un simulador de ambiente marciano. ESA

La Agencia Espacial Europea (ESA) avanza en el empeño de enviar su rover más avanzado al árido planeta rojo. Marte siempre es un objetivo difícil de alcanzar, y su superficie cuenta por fracasos los intentos europeos. En este renovado esfuerzo, los retrasos y cambios acabaron por crear un explorador y una misión enteramente del viejo continente.

Imagen de las pruebas de Rosalind Franklin rodando en un terreno similar al de Marte. ESA

Una convulsa historia

La historia de Rosalind Franklin es, principalmente, turbulenta y llena de retrasos. Originalmente, esta habría sido una misión euro-estadounidense. Sin embargo, la crisis económica de 2008 y los recortes que sufrió la NASA, le obligaron a retirarse del proyecto. Supuestamente, en la decisión influyó el protagonismo europeo. Desde el otro lado del Atlántico se temía que un éxito de la ESA eclipsase los nuevos Mars Science Laboratory, Curiosity y Perseverance.

Sin este apoyo crítico, la parte europea ralentizó su desarrollo. En paralelo, se empezó a buscar nuevos apoyos que permitieran completar el desarrollo del satélite Trace Gas Orbiter y del rover Rosalind Franklin.

Al final, la ayuda provino de cerca, Roscosmos se sumó a la misión aportando instrumentos, el lanzador y una plataforma de aterrizaje. Aunque, lo más importante era también lo más pequeño, incluirían como parte de su aportación un radiocalefactor. Este aparato emplea el calor desprendido por la desintegración de un elemento atómico para ayudar a calentar en este caso, un rover. No genera electricidad, que es una cualidad que incluyen otros aparatos empleados en misiones como New Horizons. Pero, estos son mucho más caros y complejos, y en la superficie marciana, los paneles solares son suficientes para operar, al menos de día.

Imagen dentro de una sala blanca con los últimos compases de la fabricación de la etapa de descenso rusa.
Imagen de la etapa de descenso rusa, ya construida con una maqueta del rover Rosalind franklin encima. ESA

Pero, aún quedaba un último giro de guion. Tras los retrasos por causas técnicas de 2018 y 2020, finalmente, en febrero de 2022 Rosalind Franklin estaba listo para para partir hacía Bairkonour, donde despegaría unos meses después. Y entonces, comenzó la invasión de Ucrania, los lazos diplomáticos se cortaron, y la colaboración en materia espacial se redujo a mantener la Estación Espacial Internacional.

En 2022 durante la reunión más importante que tiene la ESA cada tres años, se aprobó un generoso presupuesto de 360 millones de euros. Este, se destinó a costear la fabricación de una plataforma de aterrizaje europea y a cubrir otros problemas que causó el abandono de la colaboración con Rusia.

Todas las piezas acabaron por encajar a finales de 2025, en esa fecha, la NASA confirmó que proveería el radiocalefactor de Plutonio-238 y el lanzador. Gracias a ello, parece que finalmente, la misión Exo Mars 2009, despegará en 2028

Maqueta de la nave Beagle 2. Wikicommons

Un complejo idilio

Generalmente, cuando en Europa se propone una gran misión, se necesita que uno de los grandes estados la “patrocine”, a veces incluso dos o más. Estos países son principalmente Alemania, Francia e Italia y en menor medida Gran Bretaña, España o Bélgica.

Esto funciona debido al sistema de retorno industrial de la Agencia Espacial Europea. Cada país recibe carga de trabajo en función de sus aportaciones económicas al presupuesto general. Es la forma que se estableció para no perjudicar a los grandes países, con una mayor base industrial y experiencia. Aunque acaba generando que alguno de los pequeños no pueda desarrollar correctamente sus empresas, haciendo que no quieran aportar más, provocando un círculo vicioso que excluye a nuevos integrantes.

En este caso es Gran Bretaña, que intentó por su propia cuenta alcanzar el planeta rojo. La sonda Beagle 2 fue un pequeño aterrizador que acompañó a la sonda Mars Express en 2003. Sin embargo, su destino resultó un misterio hasta 2015, cuándo una fotografía de la cámara HiRISE de la NASA la encontró. En dicha imagen se pudo comprobar que había logrado aterrizar correctamente, pero un fallo en la secuencia de despliegue impidió que se comunicase con la Tierra.

Imagen de una prueba del taladro de Rosalind Franklin en un suelo simulado de Marte. ESA

 El sueño británico de aterrizar en Marte, ahora envuelto en la bandera europea está más cerca que nunca, desde el fracaso del Beagle 2. Pero, Rosalind Franklin es un salto de capacidades de otra magnitud, será capaz de perforar hasta dos metros la superficie del planeta rojo. Sus avanzados equipos buscarán indicios de vida con una sensibilidad nunca vista en una misión europea. Su despegue está previsto para octubre de 2028 desde Cabo Cañaveral a bordo de un Falcon Heavy. Algo que muchos ven como un error pudiendo emplear un Ariane 6, haciendo del momento más viral de la misión, un hito europeo.

Martín Morala Andrés

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