Nuevos vehículos lunares para astronautas Artemis
Uno de los anuncios más relevantes fue la selección de los primeros rovers lunares tripulados que operarán alrededor del polo sur lunar.
La NASA adjudicó contratos superiores a 219 millones de dólares a Astrolab y Lunar Outpost para desarrollar la primera generación de Lunar Terrain Vehicles, vehículos capaces de transportar astronautas, suministros y equipos científicos sobre la superficie lunar.
El vehículo CLV-1 de Astrolab, basado en la arquitectura FLEX, tendrá una masa cercana a los 900 kilogramos y podrá desplazarse a velocidades superiores a los 10 kilómetros por hora sobre terreno relativamente plano. El sistema estará preparado tanto para conducción humana como autónoma.
Por su parte, Lunar Outpost desarrollará Pegasus, un rover más ligero inspirado parcialmente en tecnologías heredadas del programa Apollo y adaptado a las futuras operaciones Artemis. El vehículo podrá funcionar durante aproximadamente un año lunar completo y combinar conducción manual, teleoperada y autónoma.
La NASA considera que desplegar varios vehículos diferentes desde las primeras fases permitirá reducir riesgos operativos, estudiar el terreno y preparar futuras zonas de aterrizaje antes de la llegada continua de astronautas.
MoonFall enviará drones al polo sur lunar
Otro de los proyectos más llamativos del programa será MoonFall, una misión robótica que enviará cuatro drones capaces de realizar pequeños vuelos y saltos sobre la superficie lunar.
Los drones explorarán regiones demasiado peligrosas o inaccesibles para los rovers convencionales y recopilarán imágenes de alta resolución de posibles zonas de aterrizaje para futuras misiones Artemis. La misión, desarrollada junto al Jet Propulsion Laboratory y Firefly Aerospace, despegará en 2028.
Tras completar sus vuelos, los módulos permanecerán operativos durante varios meses mediante experimentos preparados para soportar las extremas condiciones térmicas de la noche lunar.
Una Luna cada vez más permanente
El nuevo programa Moon Base representa el mayor cambio estratégico de la NASA desde el inicio del programa Artemis. La agencia quiere transformar la Luna en una plataforma de operaciones continua, con actividad científica, logística y tecnológica prácticamente permanente.
La exploración lunar ya no se plantea como una serie de visitas puntuales, sino como el inicio de una presencia humana estable fuera de la Tierra, una transición que podría definir las próximas décadas de exploración espacial.